Estudio para servir: cinco lecciones de tres años de seminario — Parte 5
Estudiar a los 56 años no es una rareza ni un mérito; es simplemente tomar en serio lo que la Escritura le pide al pastor en cualquier etapa de su vida.
Estudiar a los 56 años no es una rareza ni un mérito; es simplemente tomar en serio lo que la Escritura le pide al pastor en cualquier etapa de su vida.
Soy un moribundo con más conocimiento de la Palabra de Dios ayudando a moribundos a que tengan más conocimiento de la Palabra de Dios.
Trato de que la congregación vea la hermosura y la importancia de la doctrina sana, no que la sufra como una clase magistral.
Lo que parece un proceso humano —leer, pensar, escribir— es, en realidad, una obra invisible en la que el Señor usa a Sus siervos como instrumentos para nutrir, afirmar y hacer crecer a Su pueblo.
La consolidación teológica no es saber más cosas. Es sostener mejor las que uno ya creía, corregir las que estaban torcidas, y ganar humildad ante las que todavía no se entienden bien.
Escribo especialmente pensando en pastores en ejercicio que nunca consideraron seriamente formarse a este nivel.
Ser apto para enseñar no es tener carisma desde el púlpito. Es trazar la Palabra con tanta pericia que las ovejas oigan la voz de Cristo, y no las ideas del pastor.
¿Qué evidencias señalan a una iglesia como ejemplar?
Este relato nos recuerda que el ministerio pastoral es un llamado sagrado de profunda responsabilidad.
El propósito de Dios para salvar al hombre es que puedan tener la dicha de disfrutar de la gloria de Dios