La Iglesia que impacta en el mundo

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“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. – Hechos 1:8

Este artículo está puntualmente conectado con el anterior sobre la adoración en comunidad, porque una vida de adoración genuina y dirección del Espíritu Santo necesariamente incluye la misión de la iglesia. No puede haber adoración auténtica sin obediencia a la gran comisión, ni puede haber misión efectiva sin la llenura del Espíritu. Ambos aspectos —adoración y misión— son inseparables en la vida de la iglesia que glorifica a Cristo.

Llenos del Espíritu es ser llenos de la Palabra

La llenura del Espíritu Santo no es una experiencia mística desconectada de la verdad, sino que está íntimamente ligada a la Palabra de Dios. Ser llenos del Espíritu es ser llenos de la Palabra, pues el Espíritu usa la Escritura para guiar, convencer y empoderar a la iglesia (Efesios 5:18; Colosenses 3:16). Sin embargo, el Espíritu puede ser contristado por el pecado o apagado por la desobediencia (Efesios 4:30; 1 Tesalonicenses 5:19). Por eso, la misión de la iglesia solo avanza cuando caminamos en obediencia, llenos de la Palabra y sensibles a la dirección del Espíritu.

Solo cuando contemplamos a Cristo crucificado y resucitado, el Espíritu enciende en nosotros una pasión ardiente por su gloria.

La pasión del Espíritu es la gloria de Cristo

La mayor demostración activa del deseo y dirección del Espíritu Santo se encuentra en el libro de los Hechos. Desde el principio, el Espíritu impulsa a la iglesia hacia un solo fin: que la gloria de Dios y la exaltación de Cristo sean conocidas en todo el mundo. Esta pasión atraviesa toda la Escritura:

  • Números 14:21: “Mas, como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra…”
  • Habacuc 2:14: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.”
  • 1 Samuel 17:46: David declara que todo el mundo sabrá que hay Dios en Israel.
  • Salmos 96:1-3: “Cantad a Jehová cántico nuevo… Anunciad entre las naciones su gloria.”
  • Isaías 49:6: “Te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.”
  • Mateo 28:19: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones…”
  • Marcos 13:10: “Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.”
  • Apocalipsis 5:9-10: Cristo redimió a personas “de todo linaje y lengua y pueblo y nación.”

El evangelio es la gloria de Dios en Cristo (2 Corintios 4:4). No es un mensaje secundario, sino la manifestación suprema del carácter, la justicia y el amor de Dios. La manera de encender esta llama misionera es por medio de la cruz, pues “la palabra de la cruz es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Solo cuando contemplamos a Cristo crucificado y resucitado, el Espíritu enciende en nosotros una pasión ardiente por su gloria.

Los discípulos de Cristo deben ser testigos de esta gloria

Cristo llama a sus discípulos con un propósito especial. En Hechos 1:8, les habla del Espíritu Santo no como un accesorio, sino como el poder esencial para su misión. Los discípulos, aún con una visión terrenal, preguntan por el tiempo de la restauración del reino de Israel (Hechos 1:6). Pero Cristo los redirige sabiamente, volviendo a hablar del papel del Espíritu Santo en sus vidas. No se trata de cronologías políticas, sino de la expansión del reino espiritual a través del testimonio. Es crucial que los discípulos entiendan cuál es la intención y el deseo del Espíritu de Cristo. La obra de Dios es que el mundo crea en Cristo (Juan 6:29). Pero esta obra no se puede hacer sin el poder de Dios (Hechos 1:8). No basta con buenas intenciones, estrategias humanas o entusiasmo emocional. La misión requiere el poder sobrenatural del Espíritu Santo, que transforma corazones y abre puertas para el evangelio.

Es un asunto serio no evangelizar. La obediencia tiene la garantía segura del poder del Espíritu Santo (Salmos 81:10).

El Espíritu empodera a los discípulos para dar a conocer la gloria de Cristo

El poder de Dios se despliega a través de los hombres y las mujeres que han creído (Hechos 1:8; 3:31). A lo largo del libro de los Hechos, vemos cómo el Espíritu Santo dirige, habla y empodera a los creyentes:

  • Hechos 8:29, 39: El Espíritu guía a Felipe hacia el etíope y luego lo arrebata.
  • Hechos 9:17, 31: Ananías es enviado a Saulo, y la iglesia crece en el consuelo del Espíritu.
  • Hechos 10:19–20: El Espíritu instruye a Pedro sobre Cornelio.
  • Hechos 11:12: El Espíritu dice a Pedro que vaya con los gentiles sin dudar.
  • Hechos 13:4: Bernabé y Saulo son enviados por el Espíritu Santo.
  • Hechos 16:6–9: El Espíritu impide y luego dirige a Pablo hacia Macedonia.
  • Hechos 19:21: Pablo es movido en el espíritu a ir a Jerusalén y Roma.

El Espíritu usa a los discípulos para alcanzar el mundo. Los discípulos de Cristo son testigos. Un testigo es alguien que sabe algo que ha visto u oído. En el contexto bíblico, es una persona que ayuda a establecer hechos objetivamente a través de una observación verificable. Los apóstoles vieron al Cristo resucitado de primera mano; nosotros lo conocemos a través de la Palabra escrita (1 Juan 1:1-3). Ambos somos testigos de su gloria.

Observen cómo esto ocurre en la vida de los discípulos en Hechos 5:27-32: enfrentan persecución, pero declaran con valentía: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” Los discípulos son testigos con el Espíritu Santo. Han asimilado su deseo y dirección. Esto es crucial para una pasión genuina por la salvación de las almas: no se trata de hacer adeptos a una religión, sino de transformar pecadores sin Cristo en adoradores de Cristo.

En Hechos 4:18-20, Pedro y Juan responden a la prohibición de predicar: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.” Tanto aquí como en el texto anterior, el testimonio está asociado con la obediencia. Es un asunto serio no evangelizar. La obediencia tiene la garantía segura del poder del Espíritu Santo (Salmos 81:10).

¿Cuándo Obra el Espíritu Santo?

El Espíritu obra poderosamente cuando tenemos plena seguridad de que:

  • “El evangelio es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).
  • “La palabra de la cruz es poder de Dios” (1 Corintios 1:18, 24).

Solo cuando confiamos en el evangelio como el medio divino para salvar, el Espíritu nos usa con autoridad y fruto.

La Iglesia de Cristo testifica de su gloria

El evangelismo comienza con lo más próximo —Jerusalén— y es progresivo: Judea, Samaria, y se extiende hasta donde no se puede llegar personalmente —lo último de la tierra. Este patrón geográfico no es casual; refleja la estrategia soberana de Dios para alcanzar a todas las naciones.Este mandato se hizo realidad en la iglesia primitiva a través de un proceso claro:

  1. Fueron encomendados: Cristo les dio la gran comisión (Mateo 28:19-20; Hechos 1:8).
  2. Esperaron: Obedecieron la instrucción de esperar en Jerusalén el poder del Espíritu (Hechos 1:4).
  3. Oraron: Se reunieron en oración unánime (Hechos 1:14).
  4. Recibieron poder: En Pentecostés, fueron llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:1-4).
  5. Predicaron: Inmediatamente comenzaron a testificar con valentía (Hechos 2:14-41).

Este mismo patrón debe marcar a la iglesia hoy. No hay impacto misionero sin obediencia, dependencia del Espíritu y proclamación fiel del evangelio.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos (1983-1986). Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría (2017-2019) y obtuvo su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary (2021-2024)