Didaktikón: lo que Dios realmente exige al pastor según 1 Timoteo 3:2
“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar“
REPASAR EL CONCEPTO: ¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES “APTO PARA ENSEÑAR”?
Aunque no lo decimos abiertamente, lo pensamos: leemos apto para enseñar y lo asociamos de inmediato con la predicación. Pero no es lo que Pablo dice aquí.
Todas las calificaciones para el ministerio pastoral en 1 Timoteo 3 y Tito 1 se enfocan en el carácter, no en los dones. Excepto una: apto para enseñar —gr. didaktikón (una sola palabra en el original).
¿Qué significa exactamente? ¿Que el pastor debe cautivar a su audiencia? ¿Que debe poseer gran carisma?
Es necesario distinguir entre predicación y enseñanza. Predicar tiene que ver con la exhortación, la amonestación y la proclamación. La enseñanza, en cambio, tiene que ver con la transferencia de información. Ser apto para enseñar es, entonces, la capacidad de comunicar sana doctrina de manera efectiva.
Primera de Timoteo 5:17 enseña claramente que algunos ancianos tienen un ministerio público de enseñanza significativo y consistente. Pero eso no es lo que buscamos entender aquí.
Volviendo a la transferencia de información: esto ocurre en todo contexto didáctico. La cuestión es cómo dicha transferencia afecta a quienes son enseñados. El poder no reside en la capacidad del pastor, sino en la Palabra misma. Con todo, el contenido de esta enseñanza debe producir naturalmente el efecto para el que fue destinada: la santificación de la congregación —cambios que se producen como resultado de la enseñanza, de la acumulación sistemática de información inspirada, transmitida por un hombre que, justamente, es apto para enseñar.
Una persona apta para enseñar posee la capacidad de aplicar adecuadamente la sana doctrina de tal manera que los oyentes puedan crecer en el conocimiento práctico, porque la palabra actúa en ellos (1 Ts. 2:13). Ser apto para enseñar, como resultado empírico, se observa cuando la Palabra de Dios —así enseñada— penetra hasta partir el alma, las coyunturas y los tuétanos, y deja al descubierto el corazón del oyente (He. 4:12), de modo que este pueda ver una reforma consistente con la semejanza a Cristo en su propia vida.
“Ser apto para enseñar, como resultado empírico, se observa cuando la Palabra de Dios penetra hasta partir el alma, las coyunturas y los tuétanos.”
RECORDAR LA MOTIVACIÓN: ALIMENTAR Y PROTEGER AL REBAÑO
La enseñanza es el medio principal por el que se alimenta a las ovejas. Alimentarlas es una de las dos tareas principales del pastor; la otra es protegerlas. Prácticamente todo lo que conocemos sobre la tarea del anciano en materia de enseñanza surge de las epístolas pastorales, lo que nos permite entender mejor la motivación que hay detrás de esta responsabilidad.
Alimentar
Un pastor no puede dar como alimento aquello de lo que él mismo no se ha nutrido. Por eso Timoteo es exhortado en 1 Timoteo 4:6 a nutrirse —voz pasiva: una acción que se recibe— de las palabras de la fe y de la buena doctrina.
Lutero nunca habría podido enfrentar a la iglesia de Roma como lo hizo si no hubiera manejado con profunda habilidad la doctrina de la justificación por la fe.
De este modo entendemos lo que significa en 2 Timoteo 2:15 “presentarse aprobado”: alguien que “usa bien” —traza bien— la palabra de verdad. Eso es precisamente lo que hace quien enseña.
¿Y por qué? Porque su responsabilidad es alimentar al rebaño. Pero sus ovejas no son suyas, sino de Cristo. Y Cristo mismo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz” (Juan 10:27). La pregunta es: ¿cómo oyen sus ovejas la voz de Cristo? La respuesta está en la inspiración plenaria de las Escrituras. El estudio diligente hace que el hombre que es apto para enseñar pueda trazar con tanta pericia la Palabra de Dios, que finalmente las ovejas oigan la voz de Cristo y no las ideas propias del pastor. Esto debe motivarnos: “Así dice el Señor” continúa siendo la prioridad de cualquier pastor.
“El estudio diligente hace que el hombre apto para enseñar pueda trazar con tanta pericia la Palabra de Dios, que finalmente las ovejas oigan la voz de Cristo y no las ideas propias del pastor.”
Proteger
Todo lo que conocemos desde las epístolas pastorales fue dado a pastores que luchaban contra falsos maestros. De hecho, en Tito 1:9-10, junto al requisito de la enseñanza para el anciano, se nos da de inmediato la razón: tiene que ver con habladores de vanidades y mentirosos.
Esto es desgastante. Jeremías casi no quiso seguir enseñando por causa de esto (Jer. 20:9). Mientras él proclamaba el juicio para proteger y preparar al pueblo, los falsos profetas repetían “¡Paz, paz!” (Jer. 6:14; 8:11). Jeremías 23 es un texto extraordinario para entender esta dinámica.
Pero precisamente esto también es una motivación para la correcta enseñanza, para el traspaso de información puntual: la protección del rebaño.
“Esto también es una motivación para la correcta enseñanza: la protección del rebaño.”
REFORZAR LA APTITUD: EL CONOCIMIENTO DE LA ESCRITURA
Aptitud es la capacidad para operar competentemente en una determinada actividad: habilidad, capacidad, facultad, potencial. Sobre esta base, quiero sustentar y ahondar un poco más en lo anterior.
“Nada es más útil para reforzar la aptitud que la Biblia misma.”
El pastor debe conocer bien su Biblia para enseñar bien y cada vez mejor. Todos los recursos sanos que pueda aprovechar para profundizar su teología debe aprovecharlos. Pero nada es más útil para reforzar esa aptitud que la Biblia misma.
El libro más largo de la Biblia comienza recordando quién es el hombre bienaventurado (Sal. 1:1). El capítulo más largo del libro más largo de la Biblia trata enteramente de la Biblia (Sal. 119).
El pastor necesita saber quién fue Is-boset, quién fue Barzilai, quiénes fueron Og y Sehón, quién fue Jael. Debe poder manejar un radar de teología bíblica que le permita saber qué ejemplos usará al enseñar, ya sea desde el púlpito, en las casas, aconsejando o respondiendo un mensaje de WhatsApp.
“Debe transitar por ella como Esdras, que inquirió la ley para cumplirla y enseñarla.”
Debe leer la Biblia cada día, todos los días, todos los años. Debe transitar por ella como Esdras, que “inquirió” —heb. darash: buscar con diligencia, estudiar— la ley para cumplirla y enseñarla (Esd. 7:10).
REFLEXIONAR EN LA TAREA: EDIFICAR LA IGLESIA
Finalmente, quiero que reflexionemos sobre la tarea misma. El mismo Jesús que le dijo a Pedro “Yo edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18), también le dijo al final “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). Hay una relación directa entre ambas cosas. Van de la mano. Pero es Dios quien ve cabalmente cómo es edificada su iglesia.
“A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28). La edificación de Dios es por fe (1 Ti. 1:4). Y no olvidamos Efesios 4:11-12: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”
Cada vez que abrimos la Biblia, lo hacemos para enseñar, no para mostrar lo que sabemos. Cada sermón preparado con devoción, con teología, con la búsqueda de los vocablos que mejor se ajusten a las ovejas que pastoreamos, nunca será en vano. No importa que parezca que uno rema en dulce de leche muchas veces. La Palabra de Dios no vuelve vacía (Is. 55:11).
El pastor Matt Smethurst suele recordar que los sermones son como las comidas: no recordamos la mayoría de ellos, pero estamos vivos porque los hemos consumido. Y el pastor Sam Emadi añade: si la cadena de suministro de alimentos se colapsara, ¿preferirías que alguien te diera un pancho todos los días o una comida gourmet en porcelana fina una vez al mes? Un hombre apto para enseñar sabe entregar comidas nutritivas a su pueblo, aunque no todas tengan buen sabor. (Matt Smethurst y Sam Emadi, “What ‘Able to Teach’ Means and Doesn’t Mean”, 9Marks, 9marks.org)
“Cada vez que abrimos la Biblia, lo hacemos para enseñar, no para mostrar lo que sabemos.”
“Gotee como la lluvia mi enseñanza, destile como el rocío mi razonamiento” (Dt. 32:2). Que así sea para cada pastor.
La enseñanza es el medio por el cual el pastor sostiene la vida de las ovejas. En los requisitos para los ancianos, apto para enseñar (1 Ti. 3:2) aparece casi inmediatamente en la lista de cualidades necesarias. El buen ministro de Cristo está definido como alguien que enseña a los hermanos (1 Ti. 4:6), y parte de su ocupación principal es la enseñanza (1 Ti. 4:13). Tanto al final de la primera como de la segunda epístola a Timoteo, Pablo parece enfatizar este punto (1 Ti. 4:13–14; 2 Ti. 4:1–2), y también en su carta a Tito (Tit. 3:8).
“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn. 12:3).
