La Adoración en Comunidad

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¿Qué significa adorar en comunidad? Damos por sentado que entendemos lo que es pero ¿realmente lo hemos examinado a la luz de la Palabra de Dios? Este artículo busca rescatar el propósito primordial de la adoración corporativa, tal como lo enseñan Efesios 5:18-21 y Colosenses 3:16-17. Estos pasajes, situados en el contexto de un mandato a vivir una vida que manifieste la obra de regeneración y redención, nos muestran que la adoración verdadera no puede estar disociada de una vida transformada por Cristo. Como declara 1 Juan 2:6, debemos andar como Él anduvo, lo que implica que la adoración visible de la iglesia debe estar respaldada por una adoración continua en la vida cotidiana.

Es crucial entender que la adoración no es sinónimo de alabanza. Aunque la alabanza está incluida en la adoración, esta última abarca mucho más. Si reducimos la adoración a la alabanza sin un corazón transformado, caemos en la hipocresía que denunciamos en nuestro artículo anterior, “Labios sin Corazón”. La adoración auténtica requiere una contemplación profunda de Dios, fundamentada en su verdad revelada y vivida en comunidad, para glorificarle de manera que refleje su grandeza y santidad.

Adorar es Contemplar

La adoración es, en esencia, contemplación. Este término no se limita a Dios, sino que describe la atención superior, constante y absorbente que damos a algo o alguien que ocupa nuestros pensamientos. Por esta razón, la Biblia también usa el concepto de adoración para referirse a la devoción errónea hacia ídolos u otras deidades. Esto fue algo que ocurrió a las iglesias de Galacia antes de conocer el evangelio que Pablo les predicó. Su adoración era incorrecta porque no tenían la información que el evangelio otorga (Gálatas 4:8-9). En estos casos, se trata de una contemplación desviada, una atención intensa dirigida al objeto equivocado, como el dinero, el deporte, los hijos, el cónyuge o el trabajo. Estos ídolos modernos compiten por el lugar que solo Dios merece en nuestra vida.

Hay que Contemplar lo Correcto

No cabe ninguna duda de que la Biblia nos enseña que Dios es el único objeto digno de nuestra alabanza. Deuteronomio 10:21 lo proclama claramente: “Él es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.” Sin embargo, esta contemplación debe ser, en primer lugar, necesariamente intelectual, lo que significa que requiere información precisa. La información incorrecta lleva inevitablemente a una adoración incorrecta, como ocurrió con los gálatas que acabamos de mencionar y que ocasionó la sorpresa de Pablo quien cuestionó la devoción de ellos hacia prácticas legalistas aún luego que el evangelio había sido recibido.

Por esta razón, los reformadores, en el espíritu de la Reforma, enfatizaban Sola Scriptura (Solo la Escritura). Nuestra contemplación y adoración de Dios deben surgir exclusivamente de lo que Él ha revelado de sí mismo en su Palabra. Israel recibió esta advertencia en Deuteronomio 4:12: “Y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.” Dios se revela a través de su Palabra, no a través de imágenes o invenciones humanas, asegurando que nuestra adoración esté fundamentada en la verdad. Esto no ha cambiado luego de toda la revelación finalizada.

Imagina que te pidiera llenar una hoja con diez descripciones bíblicas del carácter de Dios, citando los versículos correspondientes. ¿Cómo te iría en esa prueba?

La Biblia nos Instruye a Contemplar lo Correcto

Tanto Efesios 5:18-20 como Colosenses 3:16 están escritos para que la iglesia comprenda la relación inseparable entre la Escritura y la obra del Espíritu Santo en la adoración. Colosenses 3:16 nos enseña que la verdadera adoración tiene sus raíces en la revelación de Cristo. No cantamos ni adoramos basados en nuestras opiniones, sino en lo que Dios ha revelado en su Palabra. Nuestra adoración debe estar fundada, gobernada y saturada por la Escritura, asegurando que refleje la verdad divina.

Por otro lado, Efesios 5:18 nos muestra que esta revelación necesita la iluminación y la obra del Espíritu Santo. La adoración no es solo un ejercicio intelectual; requiere la acción vivificante del Espíritu, que nos capacita para responder a la verdad con corazones transformados. El evangelio es el encargado no solamente de dar vida al pecador sino también de iluminarlo y ambos por obra del Espíritu Santo. Juntos, estos pasajes destacan que la adoración en comunidad es un acto colectivo de contemplación divina, guiado por la Palabra y animado por el Espíritu.

La Adoración Exige Conocer a Dios

La verdadera adoración requiere que sepamos quién es Dios. Aunque pueda parecer contrario a la intuición, la teología pura es el fundamento que precede y sustenta toda adoración bíblica. La frase tan conocida “para la gloria de Dios” presupone, naturalmente, que conocemos quién es Él, su carácter y sus atributos revelados en las Escrituras.

Imagina que te pidiera llenar una hoja con diez descripciones bíblicas del carácter de Dios, citando los versículos correspondientes. ¿Cómo te iría en esa prueba? Este ejercicio revela una verdad incómoda: a menudo es más fácil hablar del concepto de la gloria de Dios que articular quién es Él basándonos en su propia revelación. La Biblia nos provee la información esencial para conocer a Dios, pero nuestra adoración en comunidad se ve afectada no solo por conductas inconsistentes con la vida cristiana, sino también por una limitación vergonzosa para describir el carácter de Dios directamente desde la fuente bíblica.

John Piper lo expresa con claridad: “Hasta que Dios se vuelva dominante en nuestro pensar y en nuestro sentir; —hasta que se convierta en el sol resplandeciente en el centro del sistema solar de nuestra vida diaria; —hasta que se convierta en el Monte Everest entre las colinas de las pequeñas preocupaciones de este mundo; —hasta que Su peso repose sobre nuestras almas y nuestras iglesias con diez mil veces más magnitud que la política y el crecimiento eclesiástico; hasta ese momento, toda nuestra conversación sobre Su gloria, sobre la adoración o sobre el canto, no será más que ingeniería humana de la religión, de la cual el mundo no necesita más.” Esta declaración nos desafía a hacer de Dios el centro absoluto de nuestra adoración, desplazando cualquier distracción terrenal.

Conocer a Dios Conducirá a Conocer su Gloria

¿Qué es la gloria de Dios? La gloria de Dios es su grandeza, su belleza y su valor en exhibición. Isaías 6:2-3 ofrece una imagen vívida de esto, con los serafines proclamando la santidad de Dios mientras declaran que “toda la tierra está llena de su gloria.” Dios es santo eternamente, incluso si no hubiera creado nada. Su valor es infinito en sí mismo. Pero cuando actúa o se revela, lo que vemos en la tierra y en el cielo es su gloria, la manifestación visible de su santidad.

En la epístola a los Efesios, Pablo menciona la gloria de Dios ocho veces antes de Efesios 5:18-20, y en Colosenses, la menciona tres veces antes de Colosenses 3:16. Estos antecedentes nos muestran que conocer la gloria de Dios es esencial antes de reunirnos para adorar en comunidad. Sin un entendimiento previo de su grandeza, nuestra adoración carecerá de profundidad y autenticidad.

Nuestra vida diaria debe dar a conocer la gloria de Dios, y esto debe ser aún más evidente cuando la iglesia se reúne en adoración corporativa.

Conocer su Gloria Conducirá a Glorificarle

La pregunta obvia es: ¿qué significa glorificar a Dios? Glorificar a Dios no significa hacerlo glorioso, porque Él ya es infinitamente glorioso. Significa experimentarlo por lo que es: dominante, majestuoso, de gran peso (la palabra hebrea para gloria, kavod, significa “peso”), grande, hermoso y digno. Glorificar a Dios es mostrar que Él es quien realmente es y como dice John Piper, magnificándolo como un telescopio que revela la grandeza de las estrellas, no como un microscopio que agranda algo pequeño.

Cuando Ezequías recibió a los mensajeros de Babilonia, les mostró su “gloria” en forma de tesoros, porque el peso de su persona estaba en lo que poseía (2 Reyes 20:13). En contraste, el peso de la persona de Dios se revela en su santidad. Los serafines en Isaías 6:3 proclamaron la santidad de Dios, pero declararon que la tierra está llena de su gloria, no de su santidad, porque la gloria es la manifestación visible de su ser perfecto.

Glorificar a Dios ocurre en todos los ámbitos de nuestras vidas, por eso como enseña Romanos 12:1-2, donde se nos exhorta a ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo, transformados por la renovación de nuestra mente, entendemos que podemos ver, oír, hablar o hacer cosas que ocurran en el marco de una adoración a Dios, razonando cómo y qué hacemos. Nuestra vida diaria debe dar a conocer la gloria de Dios, y esto debe ser aún más evidente cuando la iglesia se reúne en adoración corporativa. Las buenas obras del cristiano que son hechas a la luz de las Escrituras terminan dando la gloria a Dios (Mt. 5:16), y esa es la meta final.

Glorificarle Será Demostrado Bíblicamente

Glorificar a Dios debe basarse en nuestra experiencia de la Palabra de Dios, no en el capricho de nuestras emociones o preferencias personales. Sin embargo, esta experiencia debe mover nuestras emociones santificadas. Como dice el Salmo 29:2: “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.” Si conocemos bien a Dios, tendremos sentimientos que corresponden a su grandeza. No podemos glorificarle como debemos sin un conocimiento que concuerde con su verdad y afectos que reflejen su belleza, valor y majestad.

Por lo tanto, la adoración en comunidad, guiada por la Palabra y la obra del Espíritu Santo, se expresa a través de medios como la enseñanza, la exhortación, el hablar y el cantar con salmos, himnos y cánticos espirituales, siempre fundamentados en la verdad bíblica (Ef. 5:18-20; Col. 3:16-17). Un corazón santificado, lleno de gracia y gratitud, es el único que puede ofrecer una adoración auténtica. La verdad bíblica, aprendida intelectualmente y aplicada por el Espíritu Santo, produce afectos sinceros que glorifican a Dios.

Esta verdad afecta a toda la iglesia reunida, como señala Colosenses 3:16, donde la Palabra de Cristo habita “en vosotros” y se manifiesta “entre vosotros” en la comunidad. La adoración corporativa no es solo individual, sino colectiva, fortaleciendo nuestra fe al compartir la verdad en comunión.

Resumen: El Patrón de la Adoración Comunitaria Auténtica (John Piper)

La adoración en comunidad sigue un patrón bíblico claro:

  • La Palabra de Cristo: Es la base de nuestra adoración, proporcionando la verdad sobre quién es Dios (Col. 3:16).
  • Iluminada por la plenitud del Espíritu: El Espíritu Santo da vida a la verdad, capacitándonos para responder con devoción genuina (Ef. 5:18).
  • Que revela la verdad, belleza y valor de Cristo: Nuestra adoración exalta las perfecciones de Dios reveladas en su Hijo (Ef. 5:20).
  • Que despierta afectos sinceros: La verdad mueve nuestros corazones a emociones santificadas de amor, gratitud y reverencia (Ef. 5:19-20).
  • Que se desborda en cánticos: Expresamos nuestra adoración a través de salmos, himnos y cánticos espirituales (Ef. 5:19).
  • Dirigidos a Dios y a los demás: La adoración glorifica a Dios y edifica a la comunidad de creyentes (Ef. 5:19).

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos (1983-1986). Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría (2017-2019) y obtuvo su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary (2021-2024)