“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. 2 Timoteo 1:6-12
“Hoy te convertís en héroe”
Era miércoles, 9 de julio de 2014. Se jugaba la semifinal de la Copa Mundial de la FIFA. El partido entre Argentina y Holanda había terminado 0-0 después de 120 minutos y se definió por penales. Entonces el mundo vio por televisión y pudo leer los labios del capitán Javier Mascherano en su arenga al arquero Sergio Romero: “Hoy te convertís en héroe”. El resultado fue que Argentina ganó la tanda 4-2, con Romero atajando dos penales cumpliendo el vaticinio de Mascherano.
Mascherano le pedía a Romero que encontrara una fuerza momentánea en sí mismo. Pablo, en nuestro pasaje de hoy, también hace una especie de arenga a Timoteo, solo que la fuerza y el valor que precisaba no provenía de la capacidad de Timoteo, sino que era algo que ya estaba depositado en su vida, esperando ser usado. Timoteo tenía que avivar su don y sostener el testimonio por el poder de Dios y la certeza de su cuidado hasta el final. Este es el verdadero motor de la misión de la iglesia, y la enseñanza de Pablo nos recuerda que, al igual que Timoteo, poseemos el poder divino para proclamar y vivir el Evangelio sin temor y con certeza.
¿De qué manera avivamos el fuego del don de Dios en nosotros para testificar sin vergüenza y con una certeza indestructible?
El contexto indispensable
Algunas cosas siempre es importante destacar para apreciar mejor el texto que se está considerando. Esta es la carta de despedida de Pablo, lo cual siempre es relevante. A diferencia de 1 Timoteo que contiene instrucciones generales sobre cómo debe conducirse en la iglesia, esta segunda carta contiene pedidos enmarcados en ruegos, como alguien que se despide y a quien no se lo volverá a ver. Pablo está completamente solo y esto le agrega mayor urgencia a cada imperativo o mandato a Timoteo (2 Ti. 1:15; 2 Ti. 4:9-12, 16).
Pablo está preso, pero no en una casa alquilada como al final del libro de los Hechos, sino en la prisión Mamertina en Roma: era un agujero en el suelo, frío, húmedo y oscuro. Pablo ya no es tratado como un ciudadano romano con un caso pendiente, sino como un criminal malhechor (2 Ti. 2:9). Un dato histórico que aclara aún más el panorama es que Nerón había culpado a los cristianos del incendio que ocurrió en el año 64 d.C. Es decir, ser cristiano ya no era visto como una “secta judía rara”, sino como un enemigo del Estado. Por eso era peligroso para Timoteo visitar a Pablo; ya que podía costarle la vida.
El mundo romano funcionaba bajo un sistema de honor y vergüenza, donde el valor de una persona dependía de su estatus público. Así que cuando Pablo dice: “No te avergüences” o “procura venir pronto a verme” (2 Ti. 4:9), podríamos entender mejor que le está pidiendo a Timoteo que cometa un “suicidio social”. Le pide que valore el honor ante Dios más que el honor ante la sociedad romana. También le recuerda el ejemplo de Onesíforo quien había demostrado su identificación con el evangelio al no avergonzarse de las cadenas de Pablo (2 Ti. 1:16-17). Timoteo, al igual que los sacerdotes del Antiguo Testamento (Lv. 6:12-13), debía impedir que se apagara el fuego.
Cuando consideramos todo esto, surge la pregunta: ¿De qué manera avivamos el fuego del don de Dios en nosotros para testificar sin vergüenza y con una certeza indestructible?
Suplantando la cobardía por el poder de Dios (vv. 6-7)
Lo descubrimos a partir del versículo 6 que, aunque inicia un nuevo párrafo, se desprende de lo que Pablo le dice a Timoteo en los versículos 3-5: que persevera orando por él, que tiene mucho deseo de verlo, que se acuerda de cómo lloraba Timoteo y que no fingía su fe. Se acuerda del legado de Timoteo a través de su abuela y su mamá, y muestra completa seguridad de que él continúa en la misma línea de ellas.
Estas son razones para que Timoteo componga su valentía espiritual. Le aconseja que avive el fuego del don de Dios que está en su vida. La palabra “aconsejar” es anamimnesko, una palabra compuesta: ana (arriba) y mimnesko (memoria). Timoteo tenía que poner arriba o hacer prioritario algo que se había olvidado, como cuando alguien deja una cosa importante debajo de muchos papeles y tiene que ponerlo encima de todo para no olvidar. Esto es lo que Timoteo tenía que hacer: tenía que hacer de su prioridad mantener el fuego encendido.
“Que avives el fuego” (Anazopyrein) es la única vez que esta palabra aparece en el NT. Es una imagen visual de usar un fuelle para soplar sobre brasas que se están muriendo hasta que vuelvan a ser una llama viva. No estaba apagado, pero sí estaba bajo y afectado por la cobardía. El don de Dios para Timoteo era su don ministerial, y Pablo mismo era testigo directo de esta realidad. Entonces el problema de Timoteo era su pasividad espiritual con su don por causa de dar lugar a la cobardía. Tu vida puede ser igual: aunque personas hayan sido testigos de tu buen comienzo y frutos, ahora hace falta “usar el fuelle”.
Esto lo sabemos por el versículo 7. “Cobardía” es una palabra muy específica (deilia) que implica una timidez paralizante o un miedo que te hace huir de la responsabilidad. Esto —dice Pablo— no proviene de Dios.
El recurso para suplantar esta cobardía es el poder, el amor y el dominio propio.
- Poder: Claramente es la obra del Espíritu Santo en su poder (Hch. 1:8; Ro. 8:14, 16; Gál. 4:6). Es como si alguien tiene un motor de Ferrari pero actúa como si anduviera en bicicleta.
- Amor: Tiene que ver con pensar en el otro y no en sí mismo. Un espíritu defensivo y autoprotector no es parte de la identidad del creyente; al contrario, el amor es sacrificial al punto de exponer su vida por causa de la verdad.
- Dominio propio: En el griego original es una sola palabra que significa una mente sana y equilibrada. El Espíritu Santo, cuando controla la cobardía en el cristiano, le ayuda distinguir entre monstruos y sombras.
Estas cosas tienen que suplantar la cobardía, esa timidez paralizante que impide que el fuego arda más fuerte por causa del evangelio. Por eso es necesario que prediquemos y suframos por el evangelio porque es Dios quien nos sostiene.
El sufrimiento por el evangelio se sobrelleva únicamente por el poder de Dios, por medio del Espíritu Santo.
Sosteniendo el testimonio de Cristo (vv. 8-10)
En segundo lugar, avivamos el fuego del don de Dios en nosotros sosteniendo el testimonio de Cristo. Es como levantar y ondear la bandera en medio de una batalla recia. En estos versículos, básicamente hay dos cosas que son imprescindibles para sostener el testimonio y mantener la llama encendida.
1. Recordar que identificarse con el evangelio conlleva sufrimientos (v. 8)
“Desde un punto de vista humano, había mucho en el evangelio de lo que avergonzarse. Era el mensaje de un profeta fallido, rechazado por su pueblo, ejecutado por el poder del mundo, y predicado por una colección de pescadores y otros indeseables”. Mounce
Puntualmente, el versículo 8 señala a un contraste que Timoteo no podía pasar por alto y nosotros tampoco: El evangelio conlleva sufrimiento pero estamos invitados a participar de ellos. Timoteo estaba afectado por las cadenas de Pablo sin duda, su padre espiritual estaba en una condición sumamente penosa y fatal . Y ahora, Pablo no le está diciendo a Timoteo: “No tengas miedo que no te va a pasar nada”. No le está ofreciendo a Timoteo un seguro de vida, le está entregando un rifle y diciéndole que entre a la trinchera con él.
La expresión “participa de las aflicciones” es una sola palabra en el original griego (sunkakopatheō) pero compuesta por tres partes que definen como “sufrir-juntos-malo”; sería como “Acepta experimentar lo vil y lo malo de esta situación juntamente conmigo”. Pablo le dice: “Timoteo, esta es una situación mala, la aflicción por el evangelio es dura. De todas maneras, soy preso de Cristo, no de Roma. No sufras solo, sufre junto conmigo, con Cristo y con todos los profetas del A. Testamento”. El sufrimiento por el evangelio se sobrelleva únicamente por el poder de Dios, por medio del Espíritu Santo (“Recibiréis poder y me seréis testigos” – Hch, 1:8). La carta está llena de estas invitaciones directas o indirectas (2 Ti. 1:12, 16; 2:3, etc.). Nuevamente, prediquemos y suframos por el evangelio, es Dios quien nos sostiene.
2. Recordar que el evangelio amerita sufrir por él (vv. 9-10)
Esta es la segunda cosa imprescindible. Aquí es donde Timoteo y nosotros tenemos que recargar combustible. Es la “estación de servicio” que necesitamos para que se avive el fuego del don que Dios nos ha dado. Como es costumbre de Pablo, introduce el evangelio en medio de un recuerdo vital para Timoteo. Le recuerda de la cruz. Es su pasión y debía ser la de Timoteo, y debería ser la nuestra. No hace falta ningún otro argumento o estímulo para vencer la cobardía y practicar el amor y el dominio propio por el poder del E. Santo.
Este mensaje del evangelio tiene tres aspectos. Un aspecto pasado: “antes de los tiempos de los siglos” (una frase muy solemne que indica la pre-existencia del plan de Dios); un aspecto presente: “ahora ha sido manifestado por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo”; y un aspecto futuro: “sacó a la luz la vida y la inmortalidad”. En otras palabras: La muerte fue vencida y la eternidad con Cristo es segura. El evangelio de la gracia es una garantía tal que Pablo dice lo que dice en 2 Ti. 2:10: soporta todo por amor a los escogidos para que obtengan la salvación. ¡Está garantizado! ¿Quién no va a correr riesgos con una verdad y un futuro tan certero?
Seguros de ser custodiados hasta el final (vv. 11-12)
Finalmente, así como Pablo, también Timoteo y nosotros podemos estar seguros de que seremos custodiados por el Señor hasta el final. Observa cómo lo dice Pablo en 2 Ti. 4:18: “el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial”.
Es como si Pablo estuviera afirmando: “No fue un error que yo sea apóstol, no fue un error que Dios me hiciera predicador y maestro. Soy la prueba viviente de que el mensaje del evangelio es un mensaje que transforma y capacita para sufrir por causa de Cristo y este mensaje”. Hay una razón para el sufrimiento y es una razón valedera y gloriosa. Estamos en una batalla que es parte de una guerra ganada. Repasar el evangelio nos llevará a reavivar el fuego y enfrentar lo que sea necesario por causa de todos aquellos que no tienen a Cristo. Recordemos lo que dice Judas 24, que Dios “es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría”.
Conclusión
A la luz de lo que Cristo ha hecho, también quiero recordarte que avives el fuego en tu vida y testifica del evangelio sin avergonzarte, aun sufriendo si es necesario, por medio del poder de Dios. Pero si el evangelio Cristo no es tu mayor tesoro y si desprecias el poder de Dios y el evangelio de Cristo, tendrás consecuencias en el día final que no podrás revertir.

