Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. ¿No tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, y a Jehová no invocan? Ellos temblaron de espanto; porque Dios está con la generación de los justos. Del consejo del pobre se han burlado, pero Jehová es su esperanza. ¡Oh, que de Sion saliera la salvación de Israel! Cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel.
Salmo 14
El Salmo 14 se presenta como una pieza profundamente teológica y doctrinal, cargada de enseñanzas fundamentales sobre las verdades bíblicas. Como muchos otros salmos, posee un subtítulo específico: “Al músico principal”. Según Matthew Henry, esta indicación sugiere que el Salmo fue entregado al jefe de los cantores para ser musicalizado y cantado de forma pública. Por lo tanto, no se trataba simplemente de una meditación privada del rey David, sino de un himno oficial para toda la congregación.
Sobre este punto, Charles Spurgeon añade que el hecho de estar dirigido al “músico principal” implica que el propósito del Salmo es ser escuchado por la comunidad entera. Por su parte, John Gill sugiere que estos salmos requerían una destreza técnica especial o eran asignados a los músicos más expertos. La conclusión es clara: si el contenido es teológico y estaba destinado al canto congregacional, el mensaje es ineludible: no podemos cantar cualquier cosa; debemos cantar con una teología clara y conociendo profundamente lo que cantamos. Es una canción diseñada por Dios mismo. De hecho, es a partir de este Salmo y del Salmo 53 que el apóstol Pablo desarrolla su teología sobre la culpabilidad del hombre y el juicio de Dios en Romanos 1:18 al 3:31.
EL DIAGNÓSTICO: La necedad (v. 1-2)
En la literatura poética bíblica, el término “necio” no se refiere a alguien con deficiencia intelectual o falta de educación, sino a una persona con una profunda deficiencia moral y espiritual. El término hebreo utilizado es nabal, el mismo que describe al esposo de Abigail en 1 Samuel 25. No estamos ante un ateo teórico, sino ante un ateo práctico. No es que no pueda creer en Dios, es que simplemente “no le conviene” que Dios exista. Como explica Kidner, el necio rechaza la autoridad de Dios para vivir a su propio antojo.
C.S. Lewis, en Las Crónicas de Narnia, sugiere que el necio es aquel que intenta “tapar el sol con un dedo”, viviendo en una realidad paralela donde él es el centro, ignorando la realidad obvia de la presencia divina. Este es un tema del corazón, entendido en la Biblia como el asiento de la naturaleza humana: la mente, la voluntad y las emociones. Es el centro de control o la “motherboard” del ser humano.
Es a partir de este Salmo y del Salmo 53 que el apóstol Pablo desarrolla su teología sobre la culpabilidad del hombre y el juicio de Dios en Romanos 1:18 al 3:31.
Esta condición interna determina la conducta, pues como dice Proverbios 23:7, “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. El ser determina el hacer: se han corrompido (ser) y, por lo tanto, hacen obras abominables (hacer). Lo que el necio dice (“No Dios”) es lo que realmente vive al rechazar la autoridad divina. John Piper, al hablar sobre “no tener en cuenta a Dios”, afirma que este es el problema fundamental del mundo y la esencia de la condición humana: no queremos a Dios, sino que buscamos autodeterminación y auto-exaltación.
La evidencia externa: Obras abominables
La radiografía revela que la necedad se demuestra con hechos. Las “obras abominables” son la evidencia externa, algo que el Salmo 36:1 aclara y que Pablo utiliza en Romanos 3:18 para describir obras nauseabundas. Esta lista de corrupciones es detallada por el apóstol en Romanos 1:29-31
La ceguera espiritual: Falta de entendimiento
Otra característica del corazón necio es la falta de entendimiento. Paradójicamente, esto fue lo que Satanás ofreció a Eva en el Edén (Génesis 3:5-6), pero el resultado fue el opuesto: el entendimiento quedó entenebrecido (Efesios 4:18) y se envanecieron en sus razonamientos (Romanos 1:21). Dios miró desde los cielos. Un antropomorfismo (expresión humana) para que entendamos que Dios observa. Y para que entendamos que Dios observa desde una moral distinta a la que el hombre define.
La raíz del problema: Negación de buscar a Dios
El salmista dice que Dios buscaba entendidos y que ese entendimiento radica en un búsqueda de Dios. Esta expresión está en el centro del mensaje de David en el salmo. Es como un quiasmo entre versículos 1 al 3. Podría hacerse en forma de pregunta ¿Hay algún entendido que busque a Dios? La respuesta es NO. Nadie busca a Dios por motivación propia; quienes lo han hecho es porque Dios los buscó primero (Isaías 65:1-2). En su lugar, el hombre busca sustitutos modernos:
- Panteísmo: Dios es todo (la naturaleza).
- Panenteísmo: Dios está en todo como una energía.
- Deísmo Terapéutico: Un Dios que no interviene y solo quiere que seas “feliz”.
- New Age: Búsqueda de divinidad en el interior.
- Humanismo Secular: El hombre como medida de todas las cosas.
- Cosmo Psiquismo: El universo con conciencia.
- Energía Universal / La Fuente: Dios como una batería eléctrica.
- Sincretismo: “Todos los caminos llevan a lo mismo”.
- Egoísmo Metafísico: Yo creo mi propia realidad. Todas estas son evidencias de falta de entendimiento, intentos de mostrar espiritualidad sin sujetarse al señorío divino.
El salmista dice que Dios buscaba entendidos y que ese entendimiento radica en un búsqueda de Dios. Esta expresión está en el centro del mensaje de David en el salmo. Podría hacerse en forma de pregunta ¿Hay algún entendido que busque a Dios? La respuesta es NO.
LA COMPLICACIÓN: La corrupción (v. 3-4)
La enfermedad se ha extendido universalmente. El pasaje deja de ser una ventana para transformarse en un espejo al usar los términos “todos” y “a una”, remitiéndonos a Génesis 3 y Romanos 5:12-14.
La pérdida de la brújula interna
Dios, al mirar desde lo alto, se establece como el parámetro de lo moral, algo que el hombre aborrece. Al decir “No Dios”, el hombre elimina el comparativo para sentir que todo está bien. El filósofo Aldous Huxley admitió que la existencia de Dios interfería con su propia voluntad y conducta, por lo que buscaba “liberarse” de la moral tradicional. La mayor manifestación de corrupción es la negación de Dios y Su suplantación (Romanos 1). Esto afecta también al creyente. La Biblia nos enseña a vivir conforme a Su voluntad y a ser entregados a una forma de doctrina (Romanos 6:17) porque cada vez que nos salimos de Su voluntad, decimos: “No quiero el conocimiento de tus caminos” (Job. 21:24) . Las exhortaciones en Romanos 12, Gálatas 5, Efesios 4, Colosenses 3 y 1 Tesalonicenses 4 están ahí porque el corazón corrupto aún anhela vivir bajo la idea de “no Dios”, suplantándolo por lo que nos gusta.
El odio al prójimo
La corrupción se manifiesta también como agresión: “devoran al pueblo como pan”. Para los que no tienen en cuenta a Dios, atacar a la iglesia o a los cristianos es su dieta diaria, un placer cotidiano que refleja su odio hacia el Creador.
EL PRONÓSTICO: El terror (v. 5-6)
Vivir ignorando a Dios produce un vacío existencial y un colapso en el sistema de defensa del alma. La muerte es el terror de quienes no tienen a Dios como fuente y seguridad (Hebreos 2:14; Isaías 57:21). Jonathan Edwards lo describió de esta forma “Cuando Dios desate Su ira sobre el pecador, este sentirá que Dios tiene un poder infinito para castigarlo. Su alma se hundirá y desfallecerá ante esa visión… Entonces el pecador verá que su propia fuerza no es más que la fuerza de una brizna de paja ante un huracán”.
(Eclesiastés 8:8)
Deuteronomio 32:5 dice que la corrupción no es de Dios y que la mancha es de Sus hijos, pero en el Calvario, Dios cargó esa corrupción sobre Cristo para que nosotros fuésemos sin mancha delante de Él (Efesios 1:4).
EL TRATAMIENTO: La esperanza (v. 7)
El contraste final es glorioso: un hombre que desea al Dios Salvador. La esperanza no surge del hombre, sino de Dios en Sión, el lugar que representa Su presencia entre hombres pecadores.
Cuando Dios miró a su Hijo y la voz vino del cielo dijo: He aquí mi Hijo, en quien tengo complacencia. Hebreos dice que Jesús es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos – He. 7:26
Sin embargo, cuando estaba en la cruz, Dios lo desamparó, lo maldijo (Gal. 3:13), lo trató como si fuera un corrupto, como un abominable, como uno sin entendimiento, como alguien que no buscó a Dios.
Jesús identificó Su cuerpo como el templo y Juan lo describió como el Verbo que habitó entre nosotros (Juan 1:14; 2:19). Aunque Jesús es santo, inocente y sin mancha, en la cruz Dios lo trató como si fuera un corrupto y un abominable. Deuteronomio 32:5 dice que la corrupción no es de Dios y que la mancha es de Sus hijos, pero en el Calvario, Dios cargó esa corrupción sobre Cristo para que nosotros fuésemos sin mancha delante de Él (Efesios 1:4).
Por este sacrificio, se obtiene salvación para quienes confían en Él. Mediante Su muerte, resurrección y ascensión, el Espíritu Santo mora en los que se arrepienten de haber vivido sin Dios. El “ser” es transformado y ahora el “hacer” está dentro de Su voluntad para hacer obras de Su agrado (Ef. 2:10). Así transformados, podemos decir junto al Salmo 73:25-26: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?… la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. El evangelio nos da entendimiento para conocer al que es verdadero (1 Juan 5:21) y nos prepara para la acción (1 Pedro 1:13).

