¿Qué es el Pecado? – Parte 1

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Serie: Una salvación tan grande

“Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado”. Hebreos 3:12-13

En el cuarto artículo de la serie “Una Salvación tan Grande”, exploramos la doctrina del pecado, conocida en teología como hamartiología. Comprender lo que la Biblia enseña sobre el pecado es fundamental, pues sin esta comprensión, no podemos valorar plenamente la magnitud de la salvación que Dios nos ofrece. Como ilustran las únicas páginas de la Biblia libres de pecado —Génesis 1-2, que narran la creación antes de la caída, y Apocalipsis 21-22, que describen el cielo nuevo y la tierra nueva—, el pecado es una realidad que permea toda la narrativa bíblica, desde la caída hasta la redención final.

Hebreos 3:12-13 nos presenta una advertencia seria sobre las consecuencias del pecado: un “corazón malo de incredulidad” que nos aparta del Dios vivo, endurece nuestro corazón y nos engaña con su naturaleza engañosa. Leído en orden inverso, el texto revela la secuencia del pecado: su engaño endurece el corazón, lo aparta de Dios y genera incredulidad. En el contexto de Hebreos, este peligro era especialmente alarmante, ya que algunos judíos cristianos, tentados por el engaño religioso, volvían a las tradiciones del Antiguo Testamento, abandonando a Cristo, el Dios vivo (Hebreos 3:12), la Palabra viva (Hebreos 4:12) y el camino nuevo y vivo (Hebreos 10:20).

Pecar es no reflejar la santidad divina en lo que hacemos, pensamos o somos.

El pecado no discrimina: para el creyente, corta la comunión con Dios; para el no convertido, lo mantiene ciego y perdido; y para el cristiano profesante que no ha nacido de nuevo, lo lleva a acumular mayor condenación. Por ello, es crucial conocer lo que la Biblia enseña sobre el pecado, obtener un panorama claro de sus características y principios, y aprender a enfrentar este enemigo engañoso que afecta toda la humanidad.

La Definición del Pecado

¿Qué es el pecado?

Wayne Grudem define el pecado como “no conformarnos a la ley moral de Dios en acciones, actitudes o naturaleza” (Teología Sistemática, 513). La “ley moral de Dios” no se refiere únicamente a la ley del Antiguo Testamento, sino al carácter y las perfecciones de Dios mismo. Pecar es no reflejar la santidad divina (1 Pedro 1:16; Mateo 5:48) en lo que hacemos, pensamos o somos. Esta definición abarca tres dimensiones:

  • Acciones: Incluye tanto los pecados de comisión (lo que hacemos, como el homicidio, Mateo 5:21) como los de omisión (lo que dejamos de hacer, como no orar, 1 Tesalonicenses 5:17).
  • Actitudes: Engloba los pensamientos y deseos del corazón. Jesús condenó no solo el acto del pecado, sino también la intención pecaminosa (Mateo 5:22). Como preguntó Lutero, “¿Amas a Dios con toda tu mente?” (Mateo 22:37). Nuestra tendencia a compararnos con nosotros mismos, pensando que “hemos mejorado”, minimiza el pecado, pero el estándar siempre es la perfección de Dios, no nuestro progreso (1 Tesalonicenses 4:9-10).
  • Naturaleza: La dimensión más devastadora del pecado es nuestra condición innata. Nacemos pecadores por naturaleza, como declara David: “En pecado fui concebido” (Salmos 51:5; Romanos 5:8; Efesios 2:3). Esta verdad destruye nuestro orgullo, pues nuestra pecaminosidad no depende de nuestras acciones, sino de la herencia de Adán. Somos como una radio fabricada con materiales defectuosos, incapaz de funcionar correctamente por su propia naturaleza. Aunque el Espíritu Santo nos transforma tras la conversión, en esta vida nunca alcanzaremos la perfección, llevándonos a clamar como Isaías: “¡Ay de mí!” (Isaías 6:5).

Comprender la definición y el origen del pecado—una rebelión contra el carácter perfecto de Dios, iniciada por Satanás y traída a la humanidad por Adán—es esencial para apreciar la salvación tan grande que Cristo ofrece.

La esencia del pecado

La autonomía es la raíz del pecado: actuar como si fuéramos independientes de la autoridad de Dios, usurpando su lugar. En contraste, Jesús modeló la sumisión perfecta al decir: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Aunque nacemos pecadores por naturaleza, Dios no nos condena solo por ello, sino también por nuestras obras, como revela Apocalipsis 20:12-13. Sin embargo, nuestra naturaleza pecaminosa nos aleja de Dios desde el nacimiento, haciéndonos dignos de su ira (Efesios 2:3).

Términos bíblicos para el pecado

La Biblia utiliza múltiples términos para describir el pecado, especialmente en Éxodo 34:7, donde se enfatiza la misericordia de Dios al perdonar toda categoría de pecado. David, en Salmos 51:1-2, refleja esta verdad al confesar su pecado. Algunos términos clave incluyen:

  • Iniquidad (avon): Enfatiza la culpa del pecado, como en Isaías 53:6, donde se dice que Dios cargó nuestra iniquidad sobre Cristo.
  • Rebelión (pesha): Denota una desobediencia voluntaria y deliberada, más grave que los pecados por error, aunque todos son igualmente pecaminosos.
  • Pecado (jata en hebreo; hamartano en griego): Significa “errar el blanco” o fallar en alcanzar el estándar moral de Dios. Es el término más común y abarca tanto fracasos hacia Dios como hacia los hombres. Jesús lo ilustró al decir que los religiosos seguían los deseos de su padre, el diablo (Juan 8:44). Jueces 20:16, donde los benjamitas no “erraban” al lanzar una piedra, nos ayuda a entender cómo fallamos al no alcanzar la perfección divina (Romanos 3:23).
  • Mal, maldad (ra en hebreo; kakos en griego): Describe lo perverso o erróneo (Génesis 2:9; Mateo 21:41; Juan 18:23).
  • Infringir la ley (anomia): Desobediencia a la ley de Dios (1 Juan 3:4).
  • Injusticia (adikia): Lo que va contra la justicia divina (Romanos 1:29).
  • Desviarse, engañar (planao): Apartarse del camino correcto (2 Timoteo 3:13; 2 Pedro 3:17).
  • Desobediencia (apeitheia): Rechazo obstinado de la voluntad de Dios (Romanos 11:31; Juan 3:36).
  • Ser torcido (skolios): No tener la forma correcta (Hechos 2:40).
  • Ignorancia (agnoia): Pecar por falta de conocimiento, aunque sigue siendo culpable (Hechos 3:17; Efesios 4:18; 1 Pedro 1:14).

La variedad de términos refleja la profundidad y extensión del pecado en las Escrituras. Ignorar esta realidad es una necedad, pues la salvación brilla más intensamente contra el trasfondo oscuro de nuestra pecaminosidad. Como un diamante sobre terciopelo negro, la gloria de la redención resalta cuando reconocemos nuestra culpa.

Implicaciones prácticas

  • Evangelización: Aunque las manifestaciones del pecado han evolucionado, su naturaleza sigue siendo la misma que en los días de Adán. El evangelio debe confrontar el pecado para revelar la necesidad de salvación.
  • Vida eclesial: Una iglesia que habla del pecado con seriedad se distingue de una que lo ignora. Jesús fue drástico al enseñar que debemos tratar el pecado con severidad, tanto individual como comunitariamente (Mateo 5:29-30). Las familias y los creyentes deben abordar el pecado bíblicamente, no según lo que “parece razonable”.

El Origen del Pecado

Dios no lo creó

La Biblia es clara sobre la santidad y perfección de Dios:

  • Dios es completamente puro (1 Pedro 1:16; 1 Juan 1:5).
  • Todo lo que hace es perfecto (Génesis 1:31; Deuteronomio 32:4; 1 Corintios 14:33; Santiago 1:13).
  • Dios odia el mal (Salmos 5:5; 7:11).
  • Dios es soberano sobre el mal, pero no es su autor (Isaías 45:7; Amós 3:6; Efesios 1:11).

Lógicamente, el pecado no tiene sustancia propia y no puede ser algo creado. Es la corrupción de algo bueno creado por Dios. Aunque Dios creó el árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9) y predeterminó la entrada del pecado antes de la creación (Romanos 8:29-30; Apocalipsis 13:8), Él no es el autor del pecado. Su soberanía permitió el pecado para cumplir su plan redentor, pero la culpa recae únicamente en la criatura que peca. Este misterio escapa a nuestra comprensión, pero no a la sabiduría divina.

Satanás lo originó

El pecado comenzó con Satanás, el primer pecador. Aunque la Biblia no detalla cómo una criatura creada perfecta pudo caer, sí afirma que ocurrió (Ezequiel 28:12-17; Isaías 14:12-14). Dios intencionalmente omite los detalles de la caída de Satanás, enfocándose en su responsabilidad como origen del pecado en el universo.

Adán y Eva lo trajeron al mundo

La entrada del pecado en la humanidad ocurrió a través de Adán y Eva, figuras históricas reales (Génesis 5; Lucas 3:23-38; 1 Corintios 15:22; Romanos 5:14). Los eventos de Génesis 3 son históricos, no mitológicos:

  • La serpiente era un animal real, usado por Satanás (Génesis 3:1, 14; Romanos 16:20; Apocalipsis 12:9; 20:2).
  • Adán desobedeció un mandato específico de Dios (Génesis 2:16-17; 3:2-3) en un huerto real (Génesis 3:23-24).
  • Las consecuencias fueron reales y devastadoras:
    • La serpiente fue condenada a comer polvo (Génesis 3:14).
    • Satanás sería herido en la cabeza por Cristo (Génesis 3:15; Gálatas 3:16).
    • Eva y su descendencia enfrentarían dolor en el parto y un deseo posiblemente insatisfecho (Génesis 3:16).
    • Adán y su descendencia experimentarían dolor en el trabajo y la muerte física y espiritual (Génesis 3:17-19; 5:5; Apocalipsis 20:6, 14; 21:8).
    • La tierra misma fue maldita (Génesis 3:17-18; Romanos 8:20).

Conclusión

Hebreos 3:12-13 nos advierte del peligro del pecado: su engaño endurece el corazón, nos aparta de Dios y alimenta la incredulidad. Comprender la definición y el origen del pecado—una rebelión contra el carácter perfecto de Dios, iniciada por Satanás y traída a la humanidad por Adán—es esencial para apreciar la salvación tan grande que Cristo ofrece. Para los creyentes, Romanos 6:12 nos exhorta a no dejar que el pecado reine en nosotros, mientras que Santiago 4:17 nos recuerda que omitir el bien es pecado. Para los no creyentes, 1 Juan 3:8 revela que el pecado nos alinea con el diablo, pero Cristo vino a deshacer sus obras. Números 32:23 advierte que el pecado nos alcanzará si no nos arrepentimos. Que esta verdad nos impulse a confrontar el pecado con seriedad, a depender de la gracia de Dios y a proclamar el evangelio que ilumina el oscuro trasfondo de nuestra pecaminosidad con la gloria de la redención.

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Ricardo Daglio

Ricardo Daglio

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Estudio en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos (1983-1986). Continuó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría (2017-2019) y obtuvo su Maestría en Ministerio Bíblico en The Master's Seminary (2021-2024)