¿Qué es el Hombre? – Parte 2
Serie: Una salvación tan grande
La Naturaleza Humana según Hebreos 2:5-7
“Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando. Pero uno ha testificado en cierto lugar diciendo:ras diciendo:
¿Qué es el hombre para que de Él te acuerdes,
o el hijo del hombre para que te intereses en Él?
Le has hecho un poco inferior a los Ángeles;
le has coronado de gloria y honor,
y le has puesto sobre las obras de tus manos“
En el contexto de la serie “Una Salvación tan Grande”, el pasaje de Hebreos 2:5-7 nos invita a profundizar en la pregunta: “¿Qué es el hombre?”. La antropología bíblica, que estudia la humanidad desde la perspectiva de las Escrituras, nos ayuda a comprender nuestra relación con Dios, el propósito de nuestra creación, y la realidad del pecado que nos afecta. Este entendimiento no solo fortalece nuestra fe, sino que también nos capacita para vivir de acuerdo con el diseño divino y compartir el evangelio con claridad. Como señala un comentarista, “quiénes somos es inseparable de cómo debemos vivir, y el modo en que Dios nos llama a actuar corresponde a la naturaleza humana que nos ha dado”.
En un mundo donde las nociones de identidad y autopromoción desafían la verdad bíblica, la antropología bíblica confronta estas ideas al revelarnos quiénes somos desde la perspectiva divina. En el artículo anterior, exploramos la creación del hombre, la razón de su creación, y la imagen de Dios en él. Ahora, en esta segunda parte, examinaremos dos aspectos fundamentales: la naturaleza del hombre (en su relación con Dios, consigo mismo y con el otro sexo) y el origen de la vida humana. Estos temas son esenciales para comprender nuestra identidad y comunicar el evangelio en un contexto cultural cada vez más complejo.
La Naturaleza del Hombre
En su relación con Dios: ¿Obramos libremente o de manera determinada?
Uno de los debates teológicos más profundos es cómo reconciliar la soberanía de Dios con la responsabilidad humana. Aunque este tema trasciende estrictamente la antropología bíblica, es crucial para entender cómo nos relacionamos con Dios. La Biblia presenta una armonía que nuestra mente finita no puede comprender plenamente, pero que debemos aceptar por fe.
Perspectivas sobre la libertad humana
Existen tres posturas principales sobre la condición del hombre en relación con su libertad:
- Filosofía existencial: Afirma que los seres humanos son completamente libres y autónomos. Dentro de esta corriente, hay dos enfoques:
- Pesimismo: Sostiene que no podemos saber nada con certeza, y nuestras decisiones libres conducen inevitablemente a la catástrofe.
- Optimismo (humanismo): Propone que eliminar la religión liberará a la humanidad para formar una sociedad mejor. Sin embargo, la Biblia enseña que somos esclavos del pecado y de Satanás (Juan 8:34; 2 Timoteo 2:26), lo que refuta la idea de una autonomía absoluta.
- Filosofía determinista: Argumenta que estamos encadenados por factores externos, como la evolución (Darwin), la conducta (Skinner), el trasfondo personal (Freud), las fuerzas económicas (Marx) o la religión (Nietzsche). Esta visión niega nuestra responsabilidad, pero la Biblia afirma que somos responsables por nuestras decisiones.
- Perspectiva bíblica: Somos criaturas con voluntad propia, pero vivimos bajo la soberanía de Dios. Como explica Wayne Grudem, “escogemos libremente las acciones que Dios ya ha determinado”. Aunque parezca contradictorio, la soberanía divina y la responsabilidad humana coexisten en armonía en la mente de Dios. Cuando Job cuestionó esta verdad, Dios no le dio explicaciones, sino preguntas que lo llevaron a humillarse ante su soberanía (Job 38-41; Romanos 9:20-21). No podemos comprender completamente este misterio, pero debemos aceptarlo y vivir en obediencia.
Implicaciones prácticas
Reconocer la soberanía de Dios nos libera de la arrogancia de pensar que podemos sorprenderlo o alterar sus planes eternos. Al mismo tiempo, nuestra responsabilidad nos impulsa a actuar con diligencia en la obediencia y la evangelización, confiando en que Dios obra a través de nuestras decisiones.
En su relación consigo mismo: ¿Cómo está constituido el hombre?
La Biblia utiliza diversos términos para describir la naturaleza humana, reflejando su complejidad. Estos términos no son mágicos, sino que se usan según el contexto para comunicar verdades accesibles a los seres humanos.
Términos bíblicos para el hombre
- Cuerpo (basar en hebreo, 266 veces; soma en griego, 91 veces): Se refiere al cuerpo físico (Génesis 17:14), al hombre en su totalidad (Salmos 63:1), o a la naturaleza caída (Romanos 8:13). Pablo lo describe como el “cuerpo del pecado” (Romanos 6:6), de “muerte” (Romanos 7:24), o de “humillación” (Filipenses 3:21). El cuerpo se desgasta y muere, pero será resucitado para el cielo o el infierno (Juan 5:29), una verdad impactante para el inconverso.
- Alma (nefesh en hebreo, 755 veces; psujé en griego, 110 veces): Denota el ser viviente en general, incluyendo animales, o la persona en su totalidad (Romanos 13:1).
- Espíritu (ruaj en hebreo, 378 veces; pneuma en griego, 145 veces): Puede significar viento, aliento, el Espíritu de Dios, o el espíritu humano.
- Corazón (leb en hebreo, 598 veces; kardía en griego, 52 veces): Representa la totalidad del hombre, la sede de la vida, las emociones y la voluntad.
- Conciencia, carne, mente, fuerza, entendimiento: Otros términos que describen aspectos del ser humano, ya sea en su totalidad o en su naturaleza pecaminosa (sarx).
Jesús asumió una naturaleza humana plena, sin pecado, experimentando hambre, cansancio y sed.
Debate teológico: ¿Dicotomía, tricotomía o monismo?
Los teólogos debaten si el hombre está compuesto de dos partes (dicotomía: material e inmaterial), tres partes (tricotomía: cuerpo, alma, espíritu), o una sola parte (monismo: solo material o solo espiritual). La Biblia parece favorecer la dicotomía, usando términos como alma y espíritu de manera intercambiable (Lucas 1:46; Mateo 10:28; 1 Corintios 7:34). Por ejemplo, Romanos 8:13 usa sarx (carne) y soma (cuerpo) en sentidos distintos, pero no necesariamente como partes separadas. Textos como 1 Tesalonicenses 5:23 y Hebreos 4:12 sugieren una tricotomía (cuerpo, alma, espíritu), pero otros, como Mateo 22:37, dividen al hombre en más partes (corazón, alma, mente), lo que indica que estos términos no siempre son categorías rígidas.
Implicaciones de la dicotomía
La dicotomía defiende la unidad del ser humano, evitando tratar al hombre como fragmentos separados. Esto es crucial en el aconsejamiento bíblico: no podemos abordar solo el “alma” o el “espíritu” de una persona, ignorando su condición física (hambre, cansancio, etc.). Por ejemplo, hablar del evangelio a alguien agotado puede no ser efectivo si no se atienden sus necesidades inmediatas. La santificación, según 2 Corintios 7:1 y Colosenses 1:10, involucra todo el ser—cuerpo, mente, emociones—y no puede dividirse en compartimentos.
Peligros de la tricotomía
Dividir al hombre en tres partes (cuerpo, alma, espíritu) puede llevar a errores teológicos. Por ejemplo, si el espíritu es lo que se relaciona con Dios y el alma abarca emociones e intelecto, se podría menospreciar la importancia de amar a Dios con la mente (Mateo 22:37). Esto podría desvalorizar el estudio bíblico, la toma de decisiones sabia, o el papel de las emociones en la vida cristiana. Además, algunos cristianos podrían asumir que los problemas emocionales requieren psicólogos en lugar de un aconsejamiento bíblico que trate al hombre como una unidad.
La humanidad de Cristo
Es crucial afirmar la completa humanidad de Cristo, tanto material como inmaterial, sin sugerir que su espíritu era divino mientras su cuerpo y alma eran humanos. Jesús asumió una naturaleza humana plena, sin pecado, experimentando hambre, cansancio y sed (Lucas 24:43; Juan 4:6; 19:28). Los escritores del Nuevo Testamento usaron términos como “carne” intencionalmente, desafiando la mentalidad griega que veía el cuerpo como malo. Nuestras prácticas no deben justificarse dividiendo alma y espíritu, sino reconociendo la unidad del ser humano creado por Dios.
En su relación con el otro sexo: Varón y hembra
En un mundo donde los roles y la identidad de género son temas controversiales, la Biblia ofrece claridad sobre la relación entre varón y hembra, basada en el diseño divino.
Igualdad
- Valor intrínseco: Génesis 1:27 declara que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, otorgándoles igual valor (Génesis 9:6; Santiago 3:9).
- Unidad en Cristo: Gálatas 3:27-28 afirma que no hay distinción entre varón y mujer en cuanto a su posición en Cristo, donde todos somos uno.
Distinción
A pesar de su igualdad en valor, varón y hembra tienen diferencias físicas y funcionales establecidas en el orden de la creación:
- Orden cronológico: Adán fue creado primero, y Eva procedió de él (Génesis 2:7, 18-23), lo que Pablo usa para establecer el liderazgo masculino en la iglesia (1 Timoteo 2:13-14; 1 Corintios 11:7-8).
- Ayuda idónea: Eva fue creada como ayuda idónea para Adán, no al revés (Génesis 2:18; 1 Corintios 11:9).
- Autoridad simbólica: Adán nombró a Eva, reflejando su liderazgo (Génesis 2:23).
- Representación de la humanidad: Adán, no Eva, representa a la humanidad en la caída (Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:22). Si Adán no hubiera pecado, la humanidad no habría caído, lo que subraya su rol representativo.
Al comprender nuestra naturaleza caída y la salvación gloriosa en Cristo, quien restauró lo que Adán perdió, podemos vivir para la gloria de Dios y proclamar su verdad con humildad y convicción.
Propósitos de la creación de los sexos
Dios creó varón y hembra con propósitos específicos:
- Propagación de la raza humana: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28).
- Relaciones sociales: La soledad de Adán no era buena, y Eva fue creada para complementar la comunión humana (Génesis 2:18; 1 Corintios 11:11).
- Ilustrar realidades espirituales: La relación entre varón y hembra refleja la dinámica de la Trinidad (1 Corintios 11:3) y el matrimonio entre Cristo y su iglesia (Efesios 5:32).
Implicaciones prácticas
Estas verdades confrontan las ideologías modernas que niegan las distinciones de género o promueven la igualdad absoluta sin reconocer roles complementarios. La iglesia debe afirmar tanto la igualdad en valor como las distinciones funcionales, basadas en el orden de la creación, para vivir y enseñar el evangelio con fidelidad.
Conclusión
Hebreos 2:5-7 nos desafía a entender quiénes somos como seres humanos creados por Dios. La antropología bíblica revela que nuestra naturaleza está bajo la soberanía divina, que somos una unidad de cuerpo y espíritu, y que varón y hembra, aunque iguales en valor, tienen roles distintos en el plan de Dios. Estas verdades no solo moldean nuestra identidad, sino que también nos equipan para compartir el evangelio en un mundo que rechaza la revelación divina. Al comprender nuestra naturaleza caída y la salvación gloriosa en Cristo, quien restauró lo que Adán perdió, podemos vivir para la gloria de Dios y proclamar su verdad con humildad y convicción. Que nuestra vida refleje el diseño divino, adorando al Creador y llevando a otros a la salvación tan grande que Él ofrece.
