¿Qué es el Hombre? – Parte 1
Serie: Una salvación tan grande
La Imagen de Dios según Hebreos 2:5-7
“Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando. Pero uno ha testificado en cierto lugar diciendo:ras diciendo:
¿Qué es el hombre para que de Él te acuerdes,
o el hijo del hombre para que te intereses en Él?
Le has hecho un poco inferior a los Ángeles;
le has coronado de gloria y honor,
y le has puesto sobre las obras de tus manos“
Recientemente, mi hermano me envió un despacho judicial relacionado con la sucesión de mis padres. Al leerlo, lleno de términos legales como “declaratoria de herederos” y “bien de familia”, me resultó confuso. Tuve que preguntarle qué significaba en lenguaje sencillo, y su respuesta fue clara: “Significa que debemos presentarnos como herederos cuando se nos solicite”. Esta experiencia ilustra cómo conceptos complejos necesitan ser explicados de manera accesible para que tengan impacto en nuestras vidas. De manera similar, la teología sistemática busca responder preguntas profundas con claridad bíblica, no para complicar, sino para llevarnos a la adoración de Dios. Sin embargo, cuando los fundamentos teológicos se descuidan, la fe y la práctica de los creyentes se debilitan, como advierte Salmos 11:3: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?”.
En el contexto de Hebreos 2:5-7, parte de la serie “Una Salvación tan Grande”, el autor cita el Salmo 8 para abordar una pregunta fundamental: “¿Qué es el hombre?”. Este pasaje nos invita a reflexionar sobre el propósito original de la humanidad, su caída por el pecado y su restauración en Cristo. Como señala John MacArthur, “el hombre de hoy está perdido, totalmente perdido. Al perder su relación correcta con Dios, perdió también el sentido de su existencia”. H.D. McDonald añade que, “aunque nuestra época sabe mucho sobre el hombre, ninguna conoce menos su verdadera identidad“. Para entender quiénes somos, debemos explorar nuestro origen, propósito y la realidad del pecado, todo a la luz de la Escritura.
La Creación del Hombre
La Biblia afirma que Dios creó al hombre de la nada en seis días literales, no en millones de años (Génesis 1). Los primeros tres capítulos de Génesis son históricos, no mitológicos, y negar su historicidad socava doctrinas esenciales como el pecado y la salvación. Si Adán no fue una figura real, la comparación con Cristo en Romanos 5 pierde su fundamento. En Génesis 1, Dios ordena el caos (“sin orden”) durante los primeros tres días y llena lo que estaba vacío en los siguientes tres: la luz corresponde al sol y la luna, el cielo y el mar a las aves y los peces, y la tierra a los animales y el hombre.
Génesis 2 regresa al sexto día para destacar la creación especial del hombre. La palabra hebrea para “formó” implica que Dios “edificó” al hombre con cuidado único, distinguiéndolo del resto de la creación. Hombre y mujer fueron creados a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27; 9:6; Santiago 3:9), y Adán y Eva son la fuente de toda la humanidad (Génesis 3:20; Hechos 17:26). Esta verdad es crucial para entender el pecado y la salvación, ya que todos estamos biológica y espiritualmente conectados en Adán.
Cuando enfrentamos preguntas de incrédulos sobre la evolución o la existencia de Dios, la respuesta no está en argumentos científicos, sino en el evangelio
La Razón de la Creación del Hombre
El propósito de la creación del hombre no surge de una necesidad en Dios. Él no estaba solo, aburrido, infeliz ni incompleto (Hechos 17:24-25; Job 41:11; Salmos 50:12). Dios creó al hombre por su propia voluntad, para su gloria (Isaías 43:7; Efesios 1:4-12; Romanos 9:22-23). Esta verdad derriba nuestro orgullo, que nos lleva a creernos indispensables. La creación existe para que Dios sea adorado, y negarle esa adoración es una injusticia, pues solo Él es digno (Apocalipsis 4:11).
Comprender este propósito tiene implicaciones profundas para la doctrina de la salvación. Si Dios no necesitaba nada, ¿por qué nos escogió? No fue por nuestras obras o méritos, sino por su gracia soberana. Esta base teológica da sentido a conceptos como el pecado y la adoración, que derivan su significado de nuestra condición como criaturas de Dios. Cuando enfrentamos preguntas de incrédulos sobre la evolución o la existencia de Dios, la respuesta no está en argumentos científicos, sino en el evangelio, que confronta la supresión de la verdad (Romanos 1:18). Como pecadores regenerados, no hablamos desde una posición de superioridad, sino como testigos de la gracia de Dios.
¿A Qué Imagen Creó Dios al Hombre?
Génesis 1:26 declara que el hombre fue creado a la imagen (tselem) y semejanza (demuth) de Dios. Estos términos hebreos, que a veces aparecen juntos, sugieren una “figura” o “forma” que refleja algo de Dios. Aunque la Biblia no define explícitamente la imagen de Dios, ofrece pistas importantes:
- Naturaleza espiritual: Génesis 5:1-2 y 9:6 indican que la imagen de Dios persiste después de la caída, aunque dañada. Santiago 3:9 refuerza que la humanidad aún refleja esta imagen.
- No es divinidad: La imagen de Dios no implica que seamos divinos ni que Dios sea como nosotros (Salmos 50:21).
- Valor intrínseco: A diferencia de los animales, el hombre tiene un valor único por llevar la imagen de Dios, lo que lo hace digno de protección, incluso en casos extremos como el de un asesino, quien aún puede recibir el evangelio.
- Cristo como imagen perfecta: Solo Jesús es la imagen perfecta de Dios (Colosenses 1:15; Hebreos 1:3), mientras que nosotros reflejamos cualidades divinas de manera limitada.
Perspectivas sobre la imagen de Dios
La imagen de Dios puede entenderse desde tres ángulos:
- Relacional: La capacidad de relacionarnos con Dios y con otros.
- Funcional: La responsabilidad de gobernar la tierra como representantes de Dios.
- Sustancial: Aspectos físicos, psicológicos y espirituales que reflejan a Dios, aunque no plenamente definidos. Como señala Spurgeon, esta perspectiva cubre nuestra ignorancia sobre lo que Dios no revela explícitamente.
Es crucial que cualquier definición de la imagen de Dios incluya a todos los seres humanos, incluso a un niño en el vientre materno, quien no puede relacionarse ni cumplir funciones, pero sigue siendo portador de esta imagen.
Aunque la ley de Dios está escrita en nuestros corazones, conectar directamente nuestras acciones con la imagen de Dios puede ser una implicación sin respaldo explícito.
Implicaciones prácticas
La doctrina de la imagen de Dios tiene implicaciones éticas y teológicas:
- Rechazo de la evolución: La teoría evolutiva contradice la creación especial del hombre.
- Igualdad de género: Hombre y mujer son igualmente portadores de la imagen de Dios, aunque con roles distintos en el orden de la creación (1 Corintios 11:3).
- Racismo: Es pecaminoso, ya que todos los humanos descienden de Adán y llevan la imagen de Dios.
- Pena de muerte: Génesis 9:6 sugiere que los gobiernos tienen autoridad para ejecutarla, aunque no los individuos.
- Aborto: Es homicidio, pues el feto porta la imagen de Dios desde la concepción.
Cuidado con atribuir emociones humanas a Dios, como asumir que amamos porque Él ama. Aunque la ley de Dios está escrita en nuestros corazones (Romanos 2:15), conectar directamente nuestras acciones con la imagen de Dios puede ser una implicación sin respaldo explícito.
Conclusión
La pregunta “¿Qué es el hombre?” encuentra su respuesta en Hebreos 2:5-7, que nos remite al propósito original de la humanidad: ser portadores de la imagen de Dios, creados para su gloria. El pecado distorsionó este propósito, pero Cristo, la imagen perfecta de Dios, recuperó lo que Adán perdió al cargar con nuestros pecados en la cruz. Al confiar en Él, somos restaurados, y la culpa del pecado es removida. Esta verdad transforma nuestra evangelización y nuestra respuesta a cuestiones éticas como el aborto, que deben ser abordadas con argumentos bíblicos, no meras opiniones. Comprender quiénes somos como criaturas de Dios nos equipa para vivir y proclamar el evangelio con claridad, adorando al único digno de gloria y confrontando un mundo perdido con la esperanza de la salvación en Cristo.
