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sermones

Los hijos de luz se cuidan unos a otros

Ricardo Daglio 11 min de lectura
Serie: 1 Tesalonicenses
Capítulo 5:14-15

Cuando uno se familiariza con los evangelios y comienza a observar el ministerio de Cristo, no solo aprende de su misión de salvar a los que se habían perdido, sino también de su entrenamiento a los discípulos. Y entonces se ve que ellos no entendieron sus enseñanzas, discutieron quién era el mayor, mostraron poca fe, intentaron impedir que otros se acercaran a Jesús, huyeron cuando fue arrestado, y Pedro incluso lo negó tres veces. Ante semejante panorama, dan ganas de entrar en la historia y llamarles la atención. Pero entonces aparece la lección que Jesús deja: los corrigió cuando estaban equivocados, los animó cuando estaban desanimados, sostuvo a los débiles en la fe, fue extraordinariamente paciente con ellos, y buscó su bien incluso cuando ellos lo decepcionaron. Eran sus seguidores más cercanos, no personas ajenas a su vida. Y aun así, Jesús los trató con paciencia y con este cuidado constante.

Esto ayuda a entender lo que Pablo les pide a los tesalonicenses —y a la iglesia del Señor— por medio del Espíritu Santo: una forma de vida que refleja a Cristo y que los hijos de luz están llamados a imitar. ¿Cómo se expresa ese carácter de Cristo en la vida concreta de la iglesia?

El cuidado que sabe discernir

Os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. (1 Tesalonicenses 5:14)

Hay tres exhortaciones puntuales que el Espíritu Santo guió a Pablo a mencionar a la iglesia. No son, por supuesto, las únicas cosas que la iglesia debe velar, pero son las que aquí se comunican. Son áreas de cuidado para la salud de la congregación, aspectos que tienen que ver con su vida común, las cosas a las que hay que prestar atención.

Pablo dirige la mirada a las relaciones dentro de la congregación. Quiere que ellos vean qué cosas contribuyen a su crecimiento espiritual. Y una iglesia que crece es una iglesia que tiene discernimiento para cuidar a los distintos tipos de personas que la conforman: un discernimiento que consiste en identificar correctamente la necesidad antes de actuar. Sean asuntos difíciles o no, deben ser atendidos.

La idea misma de exhortación (parakaléo) refleja urgencia. La palabra significa literalmente “ponerse al lado”, y por eso habla de involucramiento. A veces los creyentes creen que las ovejas no tienen que interactuar, que todo es cuestión de que se encargue el pastor. No es así. Aquí hay una exhortación para todos los hermanos. Se trata, entonces, de un discernimiento para identificar a quiénes hay que cuidar y cómo.

Los indisciplinados

¿Quiénes son? La palabra traducida “ociosos” en la RV60 no es del todo adecuada. El término original (átaktos) bien podía incluir a personas ociosas, pero su significado real es “fuera de la línea”. El vocablo aparece, por ejemplo, en la ley de los gimnasios de Berea, que prescribía las medidas disciplinarias que debían tomarse para corregir la conducta de aquellos miembros que no seguían las normas y que, por lo tanto, eran considerados “indisciplinados” o “desordenados” (cf. Gene L. Green, The Letters to the Thessalonians, citando la Ley Gimnasiarcal de Berea de Cormack).

Son personas que, entre otras cosas, tienen la tendencia a ir en dirección opuesta al liderazgo, fuera de orden. Pueden resistir la autoridad, pueden ser contenciosas, faltas de control de temperamento, y cosas semejantes. ¿Qué hace la iglesia con estos hermanos? Los amonesta.

Este es el primer imperativo que Pablo da. La palabra (nouthetéo) describe la idea de “hacer entrar en razón a alguien”, alertándolo acerca de las serias consecuencias de sus acciones. No implica juzgarlo ni criticarlo desde una actitud de superioridad, sino más bien comunicarle una advertencia amorosa y preocupada frente al peligro. La amonestación requiere desaprobar la conducta presente y, al mismo tiempo, exhortar a corregir la manera de vivir. Es una acción difícil, pero amorosa.

Es bueno que cada uno en la iglesia observe con atención, que trate de ver, primero en autoexamen y luego en relación con otros. A estas personas hay que “hacerlas entrar en razón”, y esto requiere un ingrediente que se verá en luego: paciencia

Los de poco ánimo

…que alentéis a los de poco ánimo… (1 Tesalonicenses 5:14)

Hay también en la iglesia quienes son de poco ánimo. Literalmente, personas de alma pequeña. Esto puede incluir a quienes están soportando tal angustia que el corazón se les hunde dentro de sí; o también puede señalar a alguien desesperado, que piensa que no podrá alcanzar su salvación y vive con dudas. Hay que estar al lado de estas personas. Tienen aflicciones y temores de diferentes tipos. Los tesalonicenses estaban siendo perseguidos, y puede que algunos decayeran en su ánimo por esto. ¿Qué hace la iglesia con estos hermanos? Los alienta.

Este es el segundo mandato de Pablo: la idea de alentar o consolar. De hecho, es la misma palabra que aparece en 2:11, donde Pablo se compara con un padre que exhorta y consuela a sus hijos. Quiere decir acercarse a alguien, ponerse a su lado y hablarle de forma amigable. El sentido puede ir por dos caminos principales: por un lado, animar o “despertar” la voluntad de alguien para que haga lo que corresponde; y por otro, en relación con algo que ya pasó, levantarle el ánimo y darle esperanza de que todo va a salir bien.

¿Se ha prestado atención a las personas así en la iglesia? Son personas temerosas, que temen a los riesgos y por eso no avanzan mucho. Son las que siempre levantan la bandera roja cuando la iglesia avanza: “¿qué pasa si ocurre esto o lo otro…?”. Tienen temor, no arriesgan, prefieren quedarse con lo conocido y temen salir de lo tradicional. Hay que ponerse al lado de ellas, orar con ellas, animarlas con las promesas de la Escritura, de un Dios soberano y poderoso. Crear relaciones que las fortalezcan.

Los débiles

…que sostengáis a los débiles… (1 Tesalonicenses 5:14)

Por lo general, esto se refiere a un aspecto físico, que es como suele usarse en el Nuevo Testamento. Sin embargo, no excluye, por supuesto, ningún otro tipo de debilidad. Se trata de alguien con una capacidad limitada para hacer algo. Como observa MacArthur en Anxiety Attacked “su carencia puede ser una falta de educación, de oportunidades o de recursos económicos, o incluso, justamente, un problema físico. Estas personas a veces encuentran más difícil hacer lo correcto debido a sus debilidades”. ¿Qué hace la iglesia con estos hermanos? Los sostiene.

El mandato es claro. Conforme a la necesidad que cada uno tenga, la iglesia está al lado para sostenerlo. ¿Es físico? Lo ayuda. ¿Es económico? Lo ayuda. ¿Es falta de educación? Lo ayuda. ¿Es falta de oportunidades? Lo ayuda. ¿Es una debilidad espiritual? Lo ayuda. Busca la manera, está cerca, se interesa y es un apoyo que sostiene. La Palabra de Dios es el manual para discernir la situación.

El cuidado que persevera en la bondad

Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. (1 Tesalonicenses 5:15)

Este cuidado se traduce en dos maneras. La primera es la paciencia con todos. No es fácil trabajar con personas. Algunos causan tristezas; otros, enojo; otros, incomodidad. Son diferentes condiciones espirituales que pueden generar frustración en el cuerpo de Cristo. Y aquí está el ingrediente necesario, porque cuando se ven personas de esta clase en la iglesia, y cuando son frecuentes las situaciones de este tipo, se requiere una paciencia amorosa. Vale recordar lo dicho al inicio: en su ministerio con los discípulos, Cristo ejerció una paciencia absoluta con ellos, lo cual no significó dejar de tratar con ellos en sus diversas situaciones. Está también el ejemplo de Moisés, que pastoreó a la nación durante cuarenta años. La paciencia, entonces, es necesaria. Aquí se refiere puntualmente a la paciencia con personas, con individuos, no en relación con las circunstancias. Es la capacidad de soportar que alguien nos cause molestias, o incluso se aproveche de nosotros una y otra vez, sin reaccionar con enojo ni resentimiento.

Que alguien intente hacer eso en sus propias fuerzas. Sin duda, solamente una persona que camina en el Espíritu, llena y controlada por el Espíritu Santo, puede obedecer este mandato.

La segunda manera es la bondad con iniciativa. Finalmente, Pablo da un mandato más, uno que a primera vista parece simple. Pero no lo es. ¿Por qué razón Pablo dice primero lo negativo y luego lo positivo? Es común que lo haga; por ejemplo, en Romanos 12: El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. (Romanos 12:9). No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. (Romanos 12:17). ¿Por qué? Porque así cierra la puerta a una actitud que no refleja el carácter de Cristo en la iglesia: la neutralidad pasiva.

“Pagar mal por mal está prohibido; no hacer nada es insuficiente; buscar activamente el bien es lo que se manda.”

La neutralidad pasiva hace que alguien sienta que es obediente sin haber hecho nada en realidad. Es decir, los hermanos podrían expresar: “Yo no le digo nada malo”; “Yo no me enojo con él”; “Yo no me he vengado”; “Yo no le hablo, no estoy enojado, pero no le hablo”. Conviene imaginar tres niveles: pagar mal por mal está prohibido; no hacer nada es insuficiente; buscar activamente el bien es lo que se manda. ¿Es posible obedecer la primera mitad del versículo y desobedecer la segunda? Sí. Se puede no devolver mal por mal y, sin embargo, no hacer absolutamente nada por el bien de esa persona.

Lo que Pablo está haciendo es mostrar cómo responden los hijos de luz, cómo se cuidan. No es una mera actitud pasiva la que muestra a Cristo, sino una actitud activa: es sufrir el agravio buscando el bien del otro. “Seguid siempre lo bueno”, dice Pablo. La expresión significa seguir algo de cerca, perseguirlo con empeño y constancia, esforzarse diligentemente por alcanzarlo, ir tras ello con el deseo de obtenerlo. La idea no es simplemente esperar que ocurra, sino buscarlo activamente, correr tras ello con determinación y perseverancia hasta alcanzarlo.

Aplicado a lo que se ha visto en los versículos 14 y 15: no basta con no atacar al indisciplinado, hay que amonestarlo; no basta con no ignorar al desanimado, hay que alentarlo; no basta con no perjudicar al débil, hay que sostenerlo; no basta con no vengarse, hay que procurar su bien.

Matthew Henry lo expresa así: “En términos generales, debemos procurar hacer lo que es nuestro deber y lo que agrada a Dios en toda circunstancia, ya sea que las personas nos traten bien o nos traten mal. Sea cual sea la manera en que otros actúen hacia nosotros, nosotros debemos hacer el bien a los demás. Debemos esforzarnos siempre por ser personas que hagan el bien y que contribuyan al bienestar de otros. Esto debe comenzar entre nosotros mismos (en primer lugar con los que son de la familia de la fe), y luego, en la medida en que tengamos oportunidad, extenderse a todos los hombres (Gálatas 6:10)”.

“No es una mera actitud pasiva la que muestra a Cristo, sino una actitud activa: es sufrir el agravio buscando el bien del otro.”

Solo Cristo nos enseña a cuidar así

La iglesia es un lugar donde conviven pecadores perdonados. Pero siguen siendo pecadores. Vivir en comunidad significa reconocer que, aparte de la gracia de Dios por el evangelio, no es posible dar a las diversas personas que conforman la iglesia una respuesta que refleje a Jesucristo.

Quizá la incapacidad de responder de esta forma a las personas que no nos agradan sea un reflejo de la ausencia de Cristo en la vida. Solo Cristo puede enseñar a ser mansos y humildes de corazón. Solo Cristo puede enseñar a perdonar y a hacer algo por quien nos ofende, o por quien está desalentado o es débil, y a hacerlo de tal forma que sea algo activo, donde uno se niega a sí mismo y a su comodidad para atender al otro.

La familia de Dios puede obedecer porque Cristo es la cabeza del cuerpo y sus miembros responden a él. Amonestamos, alentamos, sostenemos y soportamos haciendo el bien, porque Cristo lo ha hecho por nosotros y porque somos hijos de luz y nos conducimos como tales.

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