joa70-book-8312948_1920

Vida Cristiana

Dios no improvisa

Ricardo Daglio 4 min de lectura

A Dios nada lo toma por sorpresa. Nosotros vivimos un día a la vez, contando las horas sin saber lo que será mañana, tal como nos lo recuerda Santiago 4:14. No tenemos conocimiento de lo que ocurrirá ni siquiera en los próximos minutos: la vida es incierta y no podemos hacer cálculos precisos. Dios es distinto. Él ve las cosas de principio a fin.

Hay una historia medio escondida en la Biblia que nos ilustra esto. Es el relato de cómo Dios preparó un adversario para Salomón, un adversario que se hizo presente cuando el rey apostató, pero cuya historia había comenzado no menos de tres o cuatro décadas antes. La encontramos en 1 Reyes 11:

“Entonces el SEÑOR levantó un adversario a Salomón, Hadad el edomita; este era de linaje real en Edom. Sucedió que cuando David estaba en Edom, Joab, el jefe del ejército, subió a enterrar a los muertos y mató a todos los varones de Edom (pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta que dieron muerte a todos los varones en Edom), pero Hadad huyó a Egipto, él y algunos edomitas de los siervos de su padre con él, siendo Hadad aún un muchacho. Salieron de Madián y fueron a Parán. Tomaron consigo hombres de Parán y fueron a Egipto, a Faraón, rey de Egipto, quien le dio a Hadad una casa, le asignó alimentos y le dio tierra. Hadad halló gran favor ante los ojos de Faraón, y este le dio por mujer a la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes” (1 R. 11:14-19, NBLA).

¿Te das cuenta? Desde nuestra perspectiva parecen eventos inconexos separados por décadas; desde la perspectiva de Dios, forman parte de un mismo plan. Dios no improvisa como nosotros. Él conoce la historia de principio a fin.

No es el único acontecimiento bíblico donde vemos a Dios preparar las cosas con mucha antelación para llevar a cabo sus propósitos. Dios envió a José a Egipto mucho antes de que surgiera la gran hambre. Mientras José sufría en el pozo, en la esclavitud y en la cárcel, Dios estaba preparando la preservación de una nación. Nadie podía verlo en ese momento. Pero después le diría a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Gn. 50:20). Dios también preservó a Moisés en una canasta mucho antes de que fuera el libertador de Israel. Preparó a David en los campos de Belén mucho antes de que enfrentara a Goliat. Levantó a Ciro más de un siglo antes de usarlo para permitir el regreso de los judíos del exilio. Envió a Pablo a recibir formación tanto judía como romana mucho antes de convertirlo en apóstol a los gentiles.

Así que, si Dios preparó todas estas cosas —como lo hizo con Hadad años antes de disciplinar a Salomón—, ¿cuánto más estará preparando circunstancias, personas, oportunidades y aun pruebas para cumplir sus propósitos redentores en la vida de sus hijos? Nosotros leemos por capítulos; Dios lee el libro entero, porque conoce el principio y el final desde siempre.

Todo esto cobra sentido cuando leemos a Pablo decir que Dios hace “que todas las cosas ayuden a bien” (Ro. 8:28). Dios no empieza a actuar cuando surgen los problemas: Él ya está obrando mucho antes de que nosotros siquiera supiéramos que habría un problema.

Esto es profundamente tranquilizador. Pensar que ese mismo Dios puede estar preparando respuestas para necesidades que todavía no sabemos que tendremos dentro de cinco o diez años. Y, del mismo modo, puede estar preparando instrumentos de disciplina, corrección o crecimiento que aún no alcanzamos a identificar. Nada de eso lo toma por sorpresa.

Compartir

WhatsApp Threads Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *