Dos días en Londres — Spurgeon, Lloyd-Jones, Fish & Chips y el Tower Bridge
Estoy escribiendo desde el Aeroparque Jorge Newbery, Bs As., casi terminando este maravilloso viaje que incluyó Londres y Turquía. Londres primero. Acá vamos.
A fines de abril de 2026, mi esposa y yo hicimos escala en Londres camino a Turquía, donde nos esperaba un viaje bíblico organizado por SERVE junto a otros misioneros y hermanos de Denton Bible Church. La escala podría haber sido eso —una escala— pero decidimos quedarnos dos días y aprovechar cada hora. Fue una de las mejores decisiones del viaje.
La casa pequeña y el hogar grande
En Londres nos recibió un matrimonio joven (Manu y Delfi), argentinos viviendo allí desde hace dos años, estudiando para el ministerio pastoral con planes de regresar pronto a Argentina a servir. Nos hospedaron en su casa en Morden, al sur de Londres, junto con otro pastor amigo que viajaba con nosotros. La casa era pequeña —una construcción de los 1700, remodelada, que hospeda estudiantes— pero el hogar era grande. La hospitalidad fue genuina, cálida, y nos hizo sentir en casa desde el primer momento. Si alguna vez tenés la oportunidad de quedarte en casa de hermanos en lugar de un hotel, hacelo. La experiencia es incomparablemente mejor.
Westminster Chapel
Solo pudimos ver la fachada, pero fue suficiente para emocionarme. Westminster Chapel, donde Martyn Lloyd-Jones predicó durante casi treinta años, está en medio del bullicio londinense: autos pasando, gente apurada, ruido urbano. Y ahí, mirando esa fachada —antigua, con su porche de triple arco soportado por columnas, arcos redondos, ladrillos claros con toques de ladrillo rojo y piedra, lo que algunos llaman una “catedral inconformista”, construida en 1865— uno piensa en lo que se predicó adentro.
Conozco a Lloyd-Jones desde hace mucho por sus escritos: La predicación y los predicadores, Del temor a la fe, El sermón del monte, entre tantos otros. Su legado es inmenso. Estar ahí no fue algo espectacular, pero sí emocionante: le otorgó un marco físico a lo que hasta entonces solo conocía por lectura y referencias. A veces necesitamos eso. Ver el lugar para que lo leído cobre otra dimensión.
El Tabernáculo Metropolitano
Majestuoso. Realmente imponente en Elephant & Castle. Te conmueve, quizá porque sabés el impacto que tuvo el ministerio de Spurgeon desde ese lugar. No creíamos poder entrar —era domingo de tarde y estábamos simplemente sacando fotos— pero una mujer joven, originaria de Viena, nos atendió amablemente, nos hizo pasar y nos dio un pequeño tour por el interior. Nos llevó hasta el lugar de predicación, que obviamente no es el mismo que tuvo Spurgeon (el original era mucho más grande), pero lo que me impactó fue esto: el texto que llevó a Spurgeon a su conversión permanece visible, bien grande, sobre el púlpito, para que todos puedan leerlo. Isaías 45:22: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra.” Tremendo. Todo en ese lugar evoca su ministerio y su labor.
Si vas a Londres y tenés alguna conexión con la historia de la predicación reformada, este lugar no es opcional. Intentá coordinar la visita con los horarios del museo, que no siempre está abierto. Y si podés asistir a un culto dominical, la predicación sigue siendo expositiva y reformada.
Big Ben y el Parlamento
Disfrutamos viendo el Parlamento británico y el Big Ben sobre el río Támesis. Construidos en estilo neogótico victoriano, diseñados por Charles Barry y Augustus Pugin tras el incendio de 1834. Imponente. Muchísima gente y turismo, como es de esperar. Pero uno reflexiona sobre el paso del tiempo, como lo recuerda Moisés: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). Las campanadas suenan cada hora, y seguirán sonando cuando uno ya no esté. Haber visto esa imagen tantas veces en propagandas de té o en películas no te prepara para estar frente a su imponente construcción. Uno se sobrecoge.
Tower Bridge y la Torre de Londres
Lo cruzamos caminando, de día y de noche al regresar. Tower Bridge fue construido entre 1886 y 1894, diseñado por Horace Jones y el ingeniero John Wolfe Barry. Es un puente levadizo y colgante a la vez, con más de once mil toneladas de acero revestidas en granito de Cornualles y piedra de Portland. Imponente de cerca: el uso del acero, los remaches, las grandes tuercas y tornillos, los tirantes de suspensión —todo habla de una ingeniería victoriana que buscaba ser tan bella como funcional. De noche, la iluminación lo transforma por completo. Si algún cinéfilo viaja en el grupo, le va a interesar saber que es el puente de la famosa escena de persecución en The Mummy Returns (2001) con Brendan Fraser, donde un double-decker bus cruza el puente mientras se levanta. Cerraron el puente real para filmar esa escena.
Cruzando el Támesis y mirando a cada lado, se ve por fuera la Torre de Londres, antiguo palacio real y fortaleza con casi mil años de historia. Dentro de esos muros funcionó prisión, cámara de ejecución, casa de la moneda y hasta zoológico real. Hoy es un parque abierto a visitas, rodeado por lo que fue el foso de agua que protegía la fortaleza. Hay asientos para sentarse un rato y contemplar. No pudimos entrar por el horario, pero aun desde afuera no deja de impresionar. La historia de ese lugar pesa.
Los parques reales
No esperaba que esto me impactara tanto. Los parques de la realeza en Londres son preciosos, mantenidos por la corona. La gente los ama y los cuida. Un día espléndido donde ves grupos de personas sobre el césped conversando, riendo, tomando algo. Hay reposeras de uso público, y en otras zonas ves gente jugando cricket o fútbol, al mejor estilo de la canción English Tea de Paul McCartney. El cuidado de esos espacios es notable. Si vas a Londres, no los pases por alto: sentarte un rato en un parque real es una de las mejores formas de entender algo de la cultura inglesa.
El culto en Morden
El domingo participamos del culto en St. Lawrence Church, en Morden, junto con nuestros anfitriones. Es una congregación anglicana reformada. Fue precioso. La liturgia bien ordenada, un buen sermón de reflexión sobre Hechos 2:44-47 —dar nuestra vida y nuestro dinero como parte de la iglesia local— y un tiempo de canto, lectura y oración antifonal. Después del culto, un tiempo de ágape almorzando juntos. En el almuerzo compartí con hermanos que, en su inglés cerrado, me explicaron la vida en el Reino Unido: sistemas de salud, inmigración, aspectos de la posguerra. Participar de la vida de una iglesia local en otro país siempre es enriquecedor. Te recuerda que la iglesia de Cristo no tiene fronteras.
Caminar de la mano
El domingo a la mañana, antes del culto, mi esposa y yo salimos a caminar por el barrio en Morden. Preciosas veredas, casas igualitas en ciertos lugares, silencio de domingo inglés. Disfrutamos caminar de la mano y pensar en lo que significaba estar por ahí, agradecidos al Señor. Mi esposa vivió estos dos días con mucho gusto, disfrutando de la cordura y la buena educación inglesa en cada lugar que nos atendieron. Caminamos muchísimo —y eso cansa— pero valió cada paso. Ella disfrutó los lugares “pastorales” también, aunque claro, no con la misma intensidad o enfoque que yo. Y eso está bien.
Consejos prácticos si vas a Londres
Transporte: Muy práctico, aunque no necesariamente económico. Los double-decker bus —esos autobuses rojos de dos pisos cuyo modelo icónico fue diseñado en los años 50— son inconfundibles. Te subís, pagás con touch desde el celular y listo. En el subte (tube) es distinto: marcás con touch al entrar a la estación y cuando salís. Si no lo hacés así, podés incurrir en una multa severa. Todo es muy limpio y eficiente.
No alquiles auto. Se maneja por la izquierda, lo cual no es fácil si estás acostumbrado a la derecha. Incluso caminando, las personas circulan a la inversa de cualquier otro lado. Hay carteles que no vas a entender y multas que no vas a querer pagar. Usá el transporte público.
Comida: Comí Fish & Chips, que es lo clásico en Londres. Mi esposa probó otras cosas; yo, fiel a mi estilo de comer de forma funcional, repetí lo mismo los dos días.
Diversidad: Viajar oyendo el acento inglés mezclado con hindú, paquistaní y decenas de otros idiomas es algo normal en todo transporte y en toda calle de Londres. La diversidad cultural es enorme.
Idioma: Si manejás inglés básico, te las arreglás. La gente es educada y paciente. Si no manejás inglés, llevá el celular con traductor y no tengas vergüenza.
Una palabra final
Londres es historia, educación, personalidad como nación, idiosincrasia única. Y tiene una historia religiosa profunda que vale la pena conocer, no como turista sino como creyente. Dos días no alcanzan, pero si es lo que tenés —como fue nuestro caso— aprovechalos. Fue un tiempo maravilloso en Inglaterra.
