Ministerio

La obra invisible detrás de la predicación

Ricardo Daglio 2 min de lectura

Los pastores están llamados a escudriñar las Escrituras con diligencia: observar el texto, examinar su significado conforme a sanas reglas de interpretación, orar, leer, pensar, comparar Escritura con Escritura, atender al contexto y recordar lo ya enseñado cuando se predica de manera secuencial. Es trabajo. Es necesario. Es útil. No han sido llamados a ser inventores ni meros profesionales de la elocuencia, sino siervos establecidos por Dios para alimentar a Su iglesia.

En ese proceso de preparación, es un regalo de la gracia del Señor cuando las ideas comienzan a encajar y a tomar forma, cuando Dios concede claridad para escribir y avanzar sobre un fundamento firme. Muchas veces no percibimos plenamente lo que está ocurriendo: mientras creemos que simplemente estamos preparando un sermón, es Dios quien, en realidad, está preparando el alimento para Su pueblo.

Y tal vez lo perdemos de vista porque, humanamente, solo vemos el proceso —estudiar, ordenar, escribir—. Pero la realidad es más profunda: Dios nos está usando, como enseña Efesios 4:11–13, para equipar a los santos para la obra del ministerio.

Cada palabra escrita, cada versículo cuidadosamente relacionado, cada verdad afirmada desde la Escritura no es un detalle menor. Son instrumentos en las manos de Dios; son, por decirlo así, ingredientes precisos bajo Su soberanía, mediante los cuales Él nutre a Su iglesia y la hace crecer hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y la madurez en Cristo.

Por eso, los pastores y predicadores no deben perder de vista ni su tarea ni su propósito. Mantener el corazón alineado con lo que Dios ha planificado y ordenado evitará que se conviertan en simples comunicadores vacíos. Los preservará en una clara conciencia de lo que son: embajadores, heraldos, mensajeros y siervos, llamados a cumplir fielmente aquello que les ha sido encomendado.

Si sos pastor o predicador, considerá estas cosas. Examiná tus motivaciones y perseverá en la labor de estudio con mayor claridad de mente y disposición del corazón, para que Cristo siga reinando en tu congregación y en la vida de todos aquellos que oigan la predicación que ponés delante de Su pueblo.

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