sermones

Un afecto pastoral inquebrantable

Ricardo Daglio 11 min de lectura
Serie 1 Tesalonicenses
Capítulo 2:17-20

¿Alguna vez estuviste manejando hacia un lugar y te encontraste con un corte o un desvío que te impidió seguir? ¿Cómo reaccionaste? ¿Qué te motivó a continuar? Probablemente el deber, el trabajo o algún sentido de responsabilidad. Pero cuando no hay dinero ni ningún interés material de por medio —como en el caso de un pastor—, y surgen obstáculos o dificultades para servir a las ovejas, ¿qué es lo que realmente demuestra que un pastor las ama? ¿Es una vida que ignora o minimiza los obstáculos? ¿O más bien, cómo se manifiesta el afecto pastoral en medio de los problemas y las limitaciones? En 1 Tesalonicenses 2:17-20 el apóstol Pablo ilustra el afecto inquebrantable de un pastor por su pueblo.

“Por lo cual, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro.” 1 Tes. 2:17

Hay una intensidad emocional clara en este versículo. Pablo y su equipo se sienten huérfanos de los tesalonicenses. La palabra griega traducida como “separados” puede renderizarse también como “huérfanos”, y es la única vez que el Nuevo Testamento utiliza este término en este sentido. Esa elección no es casual: expresa el estado de ánimo de quien ha perdido algo muy querido, y es coherente con la manera en que Pablo siempre expresó su amor por las iglesias.

El apóstol siempre mostró preocupación por las iglesias. Su carga por ellas era constante (2 Co. 11:28), y su afecto se hace evidente en sus cartas (Ef. 6:21–24; Ro. 1:7–12; Fil. 1:3–8; Col. 1:3–12; 2 Co. 2:4). Nunca se desconectó de la iglesia de Tesalónica desde su corazón. La misma partida rápida podría haber sido base para sospechar de él, pero no era así.

Pablo no extrañaba una simple socialización con ellos, los extrañaba a ellos, su condición espiritual, ver su fe, cómo estaban, etc. Esto es lo que entendemos por lo que menciona en 1 Tes. 3:6. Lo mismo cuando leemos 1 Tes. 3:10. Ese es el punto, el interés por la vida espiritual de ellos. Así que, cuando un pastor visita a las ovejas no es simplemente un tiempo para tomar mate o un café, es para informarse de la fe de las ovejas. Pablo no es el único ejemplo de esto, el pastor Epafras (seguramente un pastor) tenía la misma preocupación por los hermanos de su iglesia, en Colosas – Col. 4:13

Muchas cosas pueden poner en duda el amor de un pastor por los suyos, pero la ausencia física no debe ser razón inicial para esa duda. Pablo estaba ausente, pero su interés, amor y preocupación por la vida espiritual de la iglesia se hizo evidente porque entregó todo lo que tenía a la hora de ministrarlos. La mejor relación y ministerio pastoral no es el que se brinda desde la presencia permanente con la gente, sino la que surge desde el corazón, que incluye —como el mismo Pablo lo indica— un recuerdo continuo en oración por la vida de cada uno.

Lo que unía a Pablo con ellos era que eran sus hermanos: compartían no solo un Padre en común sino también un Salvador en común. Por eso “procuramos” expresa una solicitud real. Y la insistencia de Pablo no era simplemente por pasar tiempo con ellos, sino por verlos cara a cara, porque cuando se comparte así se está compartiendo con una intimidad especial, tal como lo vemos en distintos pasajes de la Escritura (Gn. 33:10; 48:11; Ex. 10:29; 1 Ts. 3:10; 2 Jn. 12).

La obra de Cristo en el corazón de su pueblo impide que haya una separación absoluta. La distancia nunca será un factor que determine un abandono absoluto. Nunca pueden separar el corazón de los creyentes. No importa la distancia. Cuando se tiene el corazón, no importa si el rostro no está presente. Así pensaba Pablo también de los Colosenses – Col. 2:5

Su amor por ellos y su deseo de ministrarles se ve de manera concreta en la expresión “con mucho deseo”, que en el griego secular normalmente denotaba una pasión intensa. Aplicada aquí al ministerio pastoral, señala cuánto dominaba el amor por sus ovejas en la vida del apóstol. La distancia pudo haber sido un factor determinante para el fracaso en la fe de los tesalonicenses o para la pérdida de visión pastoral de Pablo. Sin embargo, ninguna de las dos cosas ocurrió. De acuerdo a Hechos 20:1–5, Pablo regresó a Tesalónica y uno de los creyentes de allí le acompañó en la etapa final de su tercer viaje misionero.

“Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó“. 1 Tes. 2:18

Por lo general un conflicto pone a prueba los afectos: en el matrimonio, con los hijos, con los amigos. También ocurrió con Pablo y los tesalonicenses. En este versículo Pablo parece dar un paso al frente respecto a Silas y Timoteo y destacar que es el autor de la carta y su pastor de manera muy especial. El afecto pastoral no solo es persistente, también está dispuesto a enfrentar conflictos y, a través de ellos, demostrar el amor genuino.

Pablo, personalmente quería verlos. Una y otra vez es como la expresión de Fil. 4:16, lo cual habla de la constancia de Pablo en su amor por los Tesalonicenses. El amor no se puede delegar a otro. La compasión no se puede delegar a otro. El interés por los que amas no se puede delegar a otros. Todos sabemos lo que significa un buen servicio de atención al cliente, la gente regresa, te das cuenta que no están interesados solo en las cosas sino en las personas. En el mundo secular seguramente es un asunto de marketing, pero en la vida cristiana, es un asunto de amor genuino. 

Todos los creyentes enfrentan la oposición de Satanás. Pablo escribió a los Efesios para que estuvieran firmes contra sus asechanzas (Ef. 6:11), y Pedro habló de él como un león rugiente que busca a quien devorar (1 Pe. 5:8). Pero no debería sorprendernos que los pastores enfrenten ataques selectivos en sus ministerios. Es el caso de Pablo, que ya había tenido una confrontación directa en Filipos antes de llegar a Tesalónica (Hch. 16).

La palabra traducida como “estorbar” evoca la imagen de hacer un piquete, cortar el camino para retrasar algo. Era utilizada para referirse a los obstáculos que los soldados colocaban en el camino para impedir el paso de tropas enemigas. Satanás siempre se ha opuesto a la obra de Dios; el conflicto principal no es con Pablo sino con Cristo. Se opone al evangelio quitando la semilla (Mt. 13:19; 2 Co. 4:4), puede reproducir milagros (Ex. 7:11; Hch. 8:9–24; 13:8), y se introdujo en la iglesia primitiva (Hch. 5:1–11). Pablo le escribió a los Corintios que no debían ignorar sus maquinaciones (2 Co. 2:11).

El teólogo Gary Shogren señala que en esta afirmación Pablo comunica varios puntos teológicos importantes de manera simultánea. Primero, Satanás es un enemigo cuya presencia se percibe de inmediato, no simplemente un principio abstracto del mal. Segundo, es capaz de obstaculizar incluso a apóstoles clave como Pablo y Silas. Tercero, el impedimento de Satanás continúa a pesar de las muchas oraciones pidiendo alivio. Cuarto, Pablo y su equipo siguen orando para que la barrera satánica sea quitada, aunque hasta el momento no haya sido removida. Quinto, Pablo no tiene reparos en admitir que él, siendo apóstol, ha sido efectivamente detenido por Satanás.

No hay tal cosa como un ministerio inmune a los ataques y estorbos de Satanás. Que un pastor tenga oposición y estorbo en su ministerio no lo hace menos fiel ni menos fuerte espiritualmente. Por el contrario, puede mostrar —como en el caso de Pablo— que eso es justamente una indicación de que Dios está obrando en el ministerio. El punto no es concentrarse en eso, sino cómo se sigue a pesar de eso. Eso fue lo que Pablo hizo con los tesalonicenses: no desmayó, sino que continuó “una y otra vez” buscando la manera de verlos. El ministerio requiere persistencia y, a pesar de la oposición, permanece inquebrantable.

“Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo.1 Tes. 2:19–20

No es posible expresar todo el significado que estos versículos poseen desde la perspectiva pastoral. Lo que sí es posible y necesario notar es cómo Pablo —y cualquier pastor— ha de ver todo tipo de obstáculo para servir mejor a sus ovejas: con una esperanza futura absolutamente segura que nadie puede arrebatarle.

Esta confianza y esta perseverancia tienen su fundamento en una doctrina firme: la certeza del regreso de Cristo, a lo que el apóstol se refiere al hablar de “su venida”. Cierto que la venida de Cristo traerá también sus recompensas a los creyentes — 2 Co. 5:10 lo deja en claro—, pero Pablo no está simplemente expresando una idea superficial como diciendo: “Bueno, sea lo que sea, finalmente el Señor vendrá y recibiremos con gozo la corona que nos está preparada” (de eso habla en 2 Ti. 4:8).

Más bien, Pablo está expresando que el deseo de verlos es tan intenso que espera disfrutar junto con ellos en la venida del Señor. No los ve como un premio sino como un verdadero gozo ministerial, como un padre que mira a su hijo recién nacido con un gozo indescriptible. Pablo, ni ningún pastor sirve por un premio, pero todo pastor que ama a sus ovejas las ve como un premio en vida.

Esto también refleja por qué y cómo no solo Pablo, sino cualquier pastor que ama a sus ovejas, puede tener un afecto inquebrantable: cuida a sus ovejas y se preocupa por ellas aunque no pueda estar presente, porque quiere verlos irreprensibles no solamente en esta vida sino también cuando Cristo regrese (3:13; 5:23). En otro lugar el apóstol habló a los Corintios y les dijo que no quería lo de ellos sino a ellos mismos (2 Co. 12:14). El afecto de Pablo refleja exactamente eso: no estaba buscando un mérito para sí mismo en la venida de Cristo, sino expresando que ellos mismos eran desde ya su corona. No tenía que esperar nada. Esta esperanza mantuvo al apóstol —y mantiene a cualquier pastor— con afecto por su pueblo.

El amor en Cristo de un pastor no depende de la cercanía, no se detiene por la oposición, y encuentra su gozo en la venida del Señor. Eso le ayuda a perseverar en su ministerio y a desarrollar un afecto inquebrantable por sus ovejas. Ningún pastor que ame a sus ovejas dejará de velar por ellas orando y buscando sostenerlas, anhelando darles lo mejor de sí, ya sea presencialmente o en ausencia. Enfrentará los obstáculos que sean necesarios, será consciente de los estorbos de Satanás, pero persistirá con la certeza de que Cristo regresará y será glorificado en sus santos.

De la misma manera, quienes aman a quienes les traen la Palabra perseveran en caminar con Cristo y en la certeza de que un día verán a Aquel de quien se les ha enseñado. Solo las ovejas de Cristo pueden caminar de esta manera. Solo las ovejas de Cristo persisten en medio de la oposición. Quienes no son de Cristo abandonan ante la primera indicación de resistencia y oposición.

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